Mientras el Mundial 2026 se desarrolla en Estados Unidos, México y Canadá, las políticas migratorias impulsadas por la presidencia de Donald Trump vuelven a ser un tema de conversación. Restricciones de ingreso, rechazos de visas y controles migratorios reforzados afectan a hinchas, árbitros, periodistas e integrantes de distintas delegaciones, generando preocupación en torno al acceso y la participación en el mayor evento deportivo del planeta.
Algunos de los países clasificados para la Copa del Mundo enfrentan restricciones de ingreso a territorio estadounidense. Según datos del Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos (CRS), los ciudadanos de Haití e Irán tienen prohibida la entrada al país, lo que impide que miles de aficionados puedan viajar para acompañar a sus selecciones. En tanto, Senegal y Costa de Marfil se encuentran bajo un régimen de suspensión parcial que limita determinadas categorías de visas.
Uno de los casos que más repercusión generó fue el del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, quien había sido seleccionado por la FIFA para integrar el grupo de 52 jueces del torneo. Sin embargo, las autoridades estadounidenses le denegaron el ingreso al país sin brindar explicaciones públicas. Tras la negativa, la FIFA lo excluyó de la nómina oficial, frustrando lo que iba a ser la primera participación de un árbitro somalí en una Copa del Mundo.
Las dificultades también alcanzaron a la selección de Irán. Debido a las restricciones migratorias, el equipo estableció su base de operaciones en México y varios integrantes de su cuerpo técnico no pudieron ingresar a Estados Unidos. La situación provocó fuertes críticas dentro de la delegación iraní, que además cuestionó la imposibilidad de que gran parte de sus aficionados asistan a los encuentros.
“Realmente todo es un desastre para nosotros. No está bien y no nos importan las excusas”, declaró el delantero Mehdi Taremi al referirse a las restricciones que afectan a los seguidores de su país.
Otros episodios similares involucran a integrantes de selecciones africanas y asiáticas. El delantero iraquí Aymen Hussein logró ingresar a Estados Unidos luego de permanecer siete horas siendo interrogado en un aeropuerto de Chicago. Distinta fue la suerte del fotógrafo de la selección iraquí, Talal Salah, quien tras diez horas de controles fue rechazado y obligado a regresar.
Las complicaciones también alcanzan al trabajo periodístico. La Asociación Internacional de Periodistas Deportivos (AIPS) expresó públicamente su preocupación por la negativa de visas a periodistas acreditados de Irán y diversos países africanos, y calificó la situación como “inaceptable”.
En paralelo, organizaciones vinculadas al deporte y los derechos humanos alertan por el creciente protagonismo del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) durante el torneo. El Gobierno estadounidense confirmó que agentes del organismo estarán presentes en los estadios y zonas aledañas con el objetivo de combatir la venta ilegal de entradas, la comercialización de productos falsificados y otros delitos.
Sin embargo, distintas organizaciones advierten que la presencia de ICE genera temor entre comunidades migrantes. Según datos difundidos por Human Rights Soccer Alliance ICE, desde comienzos de 2025 se registraron al menos 17 detenciones vinculadas a jugadores de fútbol, familiares y aficionados en distintas ciudades del país.
Además, un informe de la organización señala que durante los primeros diez meses del año pasado el organismo migratorio realizó más de 90.000 arrestos en las ciudades que actualmente albergan encuentros mundialistas.
La controversia también alcanza a la FIFA. Su presidente, Gianni Infantino, reconoció las dificultades existentes pero aclaró que la entidad deportiva tiene limitaciones frente a las decisiones soberanas de los gobiernos.
“Siempre intentamos encontrar soluciones, pero no somos los reyes del mundo que pueden gobernar sobre gobiernos y fuerzas policiales. Somos una organización deportiva que hace todo lo posible”, afirmó durante una conferencia de prensa.
