Por Lic. Mauricio Guerrero.
Lo que se vivió ayer en la Cámara de Diputados fue una lección de política básica: cuando la crisis económica le aprieta el cuello a la gente, las maniobras de pasillo duran muy poco.
La sesión no surgió de un capricho legislativo. La oposición logró juntar el quórum porque la realidad no da para más. Hay millones de familias atrapadas en deudas cotidianas (sacando créditos o usando la tarjeta de crédito para llegar a fin de mes) y un colectivo de personas con discapacidad golpeado por el freno a las altas de pensiones y la falta de cobertura. Frente a esa urgencia social, la respuesta del presidente de la Cámara, Martín Menem, fue la incoherencia total.
El recorrido del oficialismo durante la jornada pareció un guion de contradicciones:
1. Primero, vaciar: La orden inicial de Menem y la cúpula libertaria fue dejar las bancas vacías para que la sesión no arrancara. Querían que no se hablara del tema. No les funcionó: la oposición sentó a 135 diputados y la discusión empezó.
2. Después, patear la pelota: Viendo que el recinto estaba activo, intentaron frenar la iniciativa prometiendo reuniones de comisiones que ellos mismos venían congelando. Querían ganar tiempo y diluir el debate.
3. Al final, terminar votando lo que quería la oposición: Cuando se dieron cuenta de que perdían la votación, todos los diputados libertarios levantaron la mano para votar a favor del emplazamiento a comisiones que exigía la oposición.
Pasaron de negar la crisis de endeudamiento a votar en bloque la agenda que les impusieron. Votaron a favor no por convicción, sino para disimular la derrota y no quedar expuestos en el tablero.
La oposición usó la herramienta del Congreso para poner en mesa un dolor real que el Gobierno prefiere no ver. Martín Menem intentó bloquear, después marear y terminó cediendo. Una muestra de que, cuando los problemas de la gente entran por la puerta del Congreso, las estrategias de bloqueo quedan en evidencia rápidamente.
