En Argentina, los nacimientos se redujeron casi a la mitad en la última década, mientras que distintas entidades internacionales advierten que el envejecimiento de la población modificará profundamente la estructura demográfica en las próximas décadas. La caída de la natalidad dejó de ser un fenómeno aislado para convertirse en una tendencia global y Agencia de Noticias La Rioja accedió a distintos organismos para desarrollar estos datos.
De acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para 2030 habrá en el mundo más personas mayores de 80 años que bebés menores de un año. Hacia 2070, además, la población de más de 65 años superará a la cantidad de menores de 18 años.
Argentina registró una caída del 47% en los nacimientos
Según el último informe publicado por el Ministerio de Salud de la Nación, durante 2024 se registraron 413.135 nacidos vivos en Argentina.
La cifra representa una disminución del 47% respecto de 2014, cuando habían nacido alrededor de 777.000 bebés. Entre los años con mayor cantidad de nacimientos registrados continúan figurando 2010, con 756.176, y 1980, con 697.461, de acuerdo con datos de la Dirección de Estadísticas e Información de la Salud.
El descenso coincide con un cambio en la percepción social sobre la maternidad y la paternidad. Un estudio del Observatorio del Humano del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral mostró que tener hijos dejó de ocupar el lugar central que tenía hace una década.
Mientras que en 2015 el 77% de los argentinos consideraba que tener y criar hijos era “muy importante” para alcanzar una vida plena, en 2025 esa proporción descendió al 34%.
En distintas oportunidades, el presidente Javier Milei atribuyó la reducción de la natalidad a la legalización del aborto. Durante una exposición en la Cámara de Comercio de Estados Unidos, en mayo de 2025, el mandatario sostuvo que “se les pasó la mano en atacar a la familia” y aseguró que esa situación derivó en una caída de los nacimientos.
Sin embargo, los estudios demográficos citados en el informe muestran que la disminución de la fecundidad constituye un fenómeno que atraviesa a numerosos países, incluidos aquellos con legislaciones muy diferentes en materia de interrupción voluntaria del embarazo.
Y la baja de la natalidad no es exclusiva de Argentina. Por ejemplo, Corea del Sur registra actualmente la tasa de fecundidad más baja del planeta, con 0,75 hijos por mujer. En Europa, España presenta uno de los índices más reducidos, con 1,10 hijos por mujer, según datos de la ONU.
Hacia América Latina, Chile y Uruguay también exhiben tasas bajas, con un promedio de 1,5 hijos por mujer, de acuerdo con información del Fondo de Población de las Naciones Unidas
Estados Unidos tampoco escapa a la tendencia. El Centro Nacional de Estadísticas para la Salud informó que el país alcanzó un mínimo histórico de 10,7 nacimientos cada mil habitantes, mientras que las proyecciones estiman una tasa de fecundidad cercana a 1,6 hijos por mujer durante las próximas tres décadas, por debajo del nivel de reemplazo poblacional, calculado en 2,1.
Aunque el aumento del costo de vida y las dificultades económicas suelen aparecer como las principales explicaciones del descenso de la natalidad, investigaciones recientes sostienen que el fenómeno responde a múltiples factores.
Un estudio del National Bureau of Economic Research (NBER) plantea que las razones culturales tienen un peso cada vez mayor en la decisión de tener hijos. Según ese trabajo, la maternidad y la paternidad dejaron de percibirse como un mandato social para convertirse en una opción entre otras formas posibles de desarrollar un proyecto de vida.
Entre ellos se destacan el incremento de la participación de las mujeres en el mercado laboral, la disminución de los embarazos adolescentes, el acceso a métodos anticonceptivos, la posibilidad de postergar la maternidad y el reconocimiento de los derechos reproductivos.
A ello se suma un cambio en las creencias y en las formas de organización familiar. Los datos evidencian que cada vez más personas se identifican como ateas, agnósticas o «sin afiliación religiosa». En consecuencia, también retrocede la presión simbólica y cultural de formar familias numerosas.
