Científicos y científicas de distintos puntos del país se movilizaron este miércoles al Obelisco para reclamar contra las políticas de ajuste del gobierno nacional sobre el sistema científico y tecnológico. La protesta reunió también a integrantes de la comunidad universitaria, en medio del reclamo por la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario.
La manifestación se produjo luego de una serie de medidas que, según denunciaron los trabajadores del sector, provocaron pérdida de puestos de trabajo, caída de los salarios reales, reducción de becas y dificultades para sostener proyectos de investigación.
Uno de los puntos que generó mayor preocupación en las últimas semanas fue la situación de los investigadores que finalizaron sus becas posdoctorales. Según denunciaron durante la movilización, cerca de 400 investigadores quedaron sin continuidad laboral.
“La discontinuidad mata a la ciencia”, podía leerse en uno de los carteles que acompañaron la protesta.
Rocío, exbecaria posdoctoral del CONICET, contó durante la movilización que recientemente quedó fuera del organismo luego de no obtener una prórroga para continuar su carrera de investigación.
“Hace unos días fuimos despedidos del CONICET porque no se nos otorgó la prórroga a la continuidad de nuestra carrera de investigación”, explicó.
La investigadora señaló que los resultados de la convocatoria a la Carrera del Investigador Científico recién se conocerían hacia fines de 2026, lo que genera, según planteó, una interrupción en las trayectorias profesionales y en las líneas de investigación.
“Eso genera una discontinuidad en nuestra carrera de investigación, genera pérdidas de líneas de investigación y eso genera básicamente una ausencia de la ciencia en este Gobierno”, sostuvo.
Y fue más contundente al explicar el motivo de la movilización: “Este Gobierno no quiere, por decisión política, que exista ciencia en este país, que exista educación”.
El reclamo se da mientras el propio CONICET mantiene abiertas nuevas convocatorias para becas doctorales y posdoctorales. Para 2026, el organismo anunció 1.000 becas doctorales, 300 de finalización de doctorado y 800 postdoctorales, aunque con un esquema que prioriza determinados temas y regiones.
Gonzalo, investigador del CONICET, describió la situación como un “proceso de vaciamiento general”.
“Se despidieron casi 400 becarios y becarias postdoctorales, pero es apenas lo último que nos ha sucedido. El CONICET perdió 2.400 puestos de trabajo desde que asumió Javier Milei”, afirmó.
Según su relato, el deterioro salarial también está provocando renuncias y la salida de investigadores hacia otras actividades.
“Los salarios han perdido el 50% del poder adquisitivo, se multiplican las renuncias porque hay un proceso de vaciamiento en marcha”, sostuvo.
El investigador aseguró que algunos de sus compañeros están tomando segundos y terceros empleos ajenos a la actividad científica para poder sostener sus ingresos.
“Estamos cobrando la mitad de lo que cobrábamos hace tres años”, afirmó.
La protesta no estuvo limitada al CONICET. Desde el sector nuclear también denunciaron consecuencias sobre proyectos considerados estratégicos para el país.
Martín Iofrida, secretario general de la Asociación de Profesionales de la Actividad Nuclear, sostuvo que desde el comienzo de la actual gestión existe un “ahogo salarial y presupuestario” que ya provocó la salida de alrededor de 500 trabajadores y trabajadoras de la Comisión Nacional de Energía Atómica.
Según explicó, además de la reducción de personal, se produjo una paralización de proyectos y una modificación de la estructura interna del organismo.
“Están reduciendo la estructura orgánica: 300 jefaturas de grupo que desaparecen, generando una desorganización en la institución muy grande”, afirmó.
Iofrida advirtió que el impacto puede extenderse más allá de la actividad científica: “Esto compromete actividades que tienen que ver con la producción de energía segura y barata, compromete el diagnóstico y tratamiento de enfermedades muy complejas como el cáncer, y los proyectos tecnológicos que a futuro van a impactar en estas áreas”.
El dirigente consideró que existe un proceso de “vaciamiento sostenido y planificado”, aunque esa interpretación corresponde a su posición y no fue presentada en la información aportada como una conclusión oficial.
Los reclamos alcanzaron además al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).
Gisele, trabajadora del Departamento de Calidad en las Mediciones del organismo, aseguró que desde diciembre de 2023 se perdió alrededor del 30% del personal, entre despidos, retiros voluntarios y renuncias.
“Hay un promedio de 10 renuncias por mes porque son trabajadores y trabajadoras muy calificados”, señaló.
La trabajadora explicó que los salarios del sector rondan entre $1 millón y $1,2 millones, mientras que profesionales con una formación equivalente pueden acceder a ingresos significativamente superiores en el sector privado o en el exterior.
La consecuencia, según planteó, es una pérdida progresiva de personal altamente capacitado.
El conflicto combina dos dimensiones: por un lado, el reclamo de investigadores y trabajadores por salarios, estabilidad laboral, becas y presupuesto; por otro, una discusión más amplia acerca de qué lugar tendrá la investigación científica dentro de las prioridades del Estado nacional.
El CONICET, por su parte, sostiene actualmente un esquema de convocatorias que concentra parte de sus becas en temas considerados prioritarios y determinadas regiones. La convocatoria 2026 establece que el 70% de las becas doctorales y postdoctorales será asignado a proyectos vinculados con esos temas o regiones, mientras que el 30% restante seguirá el orden de mérito disciplinar.
Para los científicos movilizados, sin embargo, el problema no se reduce a cómo se distribuyen las becas: cuestionan la pérdida de investigadores formados, la discontinuidad de proyectos y el deterioro de las condiciones laborales.
