Tras colgar el traje de gobernador y sufrir un duro revés en las urnas nacionales, Gerardo Morales decidió reinventarse a más de 18 mil kilómetros del epicentro político argentino. El exlíder de la Unión Cívica Radical armó sus valijas y fijó residencia en Shenzhen, la colosal capital tecnológica del gigante asiático.
Pero no se trata de un retiro espiritual ni de una jubilación pacífica. Lejos de despegarse de la arena pública, Morales desembarcó en tierras orientales para operar una consultora especializada en asesorar a multinacionales y gobiernos interesados en el lucrativo negocio de la energía solar.
La movida de Morales responde a una vieja fijación. Durante su década al frente del Ejecutivo jujeño, convirtió a la provincia en la cabecera de playa del capital oriental en Argentina, impulsando megaproyectos como la emblemática Planta Solar Cauchari. Tras entregar el poder, profundizó sus estudios sobre la dinámica del régimen chino y afinó sus contactos. Desde el corazón neurálgico de Shenzhen, el caudillo norteño demuestra que la política tradicional ya no conoce fronteras: el tablero provincial ahora se juega en clave internacional.
Durante la gestión del radical, China llevó adelante varios proyectos de inversión en Jujuy como la Planta Solar Cauchari, la más grande de Argentina; el tren solar de la Quebrada; y varias plantas de producción de litio.
Morales desarrolló muchos vínculos con China durante su gestión como gobernador de Jujuy y se volvió un fanático del gigante asiático.
Morales mantiene el control de la Legislatura provincial desde donde le ha marcado la cancha al gobernador Carlos Sadir con la citación de distintos ministros. De todos modos, Morales le dejó en claro a los suyos que el candidato en 2027 es Sadir.
