Un estudio del Observatorio de Psicología Social Aplicada refleja una alta desaprobación a la gestión de Javier Milei. Sin embargo, el informe advierte que el rechazo al oficialismo no se traduce automáticamente en un apoyo a las fuerzas de la oposición.
A más de un año de los próximos comicios presidenciales, el panorama político y social muestra señales de creciente desgaste para el Ejecutivo. De acuerdo con el último Monitor Sociopolítico y Electoral, elaborado por el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA sobre casi tres mil casos en todo el país, seis de cada diez argentinos afirman que prefieren una alternativa de gobierno para el próximo período.
El estudio dibuja un escenario crítico para la Casa Rosada, donde la desaprobación a la gestión de Javier Milei alcanza el 58% y casi un 60% de los consultados califica la situación económica y social como muy mala.
Sin embargo, los analistas de la universidad aclaran que el descontento social es una condición necesaria pero no suficiente para provocar un vuelco en las urnas.
Según explican desde el Observatorio, para que el malestar se transforme en una mayoría electoral efectiva se requiere de una oferta opositora que ordene el descontento y reduzca la incertidumbre. Mientras esa alternativa no se consolide, la crítica ciudadana tiende a dispersarse en indecisión, abstención o fragmentación del voto, lo que permite al oficialismo mantener una primacía relativa a pesar del desgaste.
Uno de los hallazgos centrales del relevamiento es que la pérdida de respaldo de La Libertad Avanza no beneficia de manera directa a los liderazgos opositores tradicionales. El debilitamiento del Presidente no se traduce en una adhesión equivalente hacia la figura del gobernador Axel Kicillof ni en el ascenso inmediato de un tercer espacio.
Parte de los votantes que acompañaron al oficialismo en las últimas elecciones hoy se distancias de la gestión, pero en lugar de migrar hacia la oposición, se refugian en la indecisión, el voto en blanco o la búsqueda de alternativas que aún no están definidas.
De cara al escenario de 2027, los especialistas concluyen que la disputa no la ganará necesariamente quien intente seducir a un electorado completamente nuevo, sino la fuerza política que logre administrar mejor sus propias pérdidas.
En un mapa donde ningún espacio cuenta hoy con una mayoría asegurada y todos compiten desde posiciones minoritarias, la capacidad para retener a los votantes propios y recuperar a los desencantados será el factor decisivo para transformar el rechazo social en una victoria electoral.

