La ausencia de la Vicepresidenta en la misa por el aniversario de la muerte de Francisco profundiza la fractura con la Casa Rosada y expone una interna que ya no se puede ocultar.
Lo que debía ser un acto institucional de recogimiento en la Basílica de Luján, al cumplirse un año del fallecimiento del papa Francisco, se transformó en el escenario de un nuevo capítulo de la intensa interna que sacude los cimientos de la gestión libertaria. La silla vacía de Victoria Villarruel no solo fue un dato protocolar, sino un mensaje político de alto impacto que desató la furia en el despacho presidencial.
Desde el entorno más íntimo de Javier Milei no ahorraron calificativos despectivos para describir la actitud de la Vicepresidenta. En los pasillos de Balcarce 50, la palabra que más resonó fue «papelón». Para el núcleo duro del Ejecutivo Nacional, el faltazo de Villarruel —quien había confirmado su asistencia inicialmente— no fue un problema de agenda, sino una maniobra deliberada para marcar distancia y seguir construyendo un perfil propio, lejos de las directivas de la Casa Rosada.
Fuentes cercanas al Gobierno Nacional confirmaron que interpretan este gesto como un “mensaje mediático” de hostilidad. El distanciamiento entre la titular del Senado y el «triángulo de hierro» presidencial parece haber cruzado un punto de no retorno. Mientras Milei intenta consolidar su autoridad, Villarruel elige sus propias batallas y sus propios escenarios, dejando en claro que no está dispuesta a ser un decorado en la narrativa oficialista.
La respuesta de Villarruel no se hizo esperar y cargó con una dosis de ironía. La Vicepresidenta justificó su ausencia alegando que la ceremonia se había «politizado” y que no estaba dispuesta a compartir espacio con quienes considera «lo peor de la casta política». Sin embargo, el argumento suena contradictorio para una funcionaria que suele hacer de la presencia institucional su bandera principal.
Este nuevo cortocircuito confirma que el Gobierno Nacional transita una crisis de conducción. La desconfianza mutua paraliza la gestión y ofrece un espectáculo de divisiones que la oposición observa con atención.
