En medio de la investigación por presunto enriquecimiento ilícito, la Secretaria General de la Presidencia viaja a Neuquén para proteger al Jefe de Gabinete y acallar las internas que piden su renuncia.
Mientras los tribunales de Comodoro Py comienzan a desenterrar las irregularidades detrás de su vertiginoso ascenso patrimonial, Manuel Adorni encontró en Karina Milei un escudo político que parece ser lo único que lo mantiene en pie. Este jueves, la dupla desembarcará en Vaca Muerta junto al titular de YPF, Horacio Marín, en una puesta en escena que busca utilizar la riqueza energética del país como decorado para lavar la imagen de un funcionario bajo sospecha.
Este viaje a Neuquén representa la segunda foto de respaldo en menos de una semana, tras la recorrida por el Instituto Malbrán. Sin embargo, este despliegue de lealtad familiar no logra ocultar el nerviosismo que impera en la Casa Rosada. Puertas adentro de La Libertad Avanza, el murmullo es ensordecedor: ya hay quienes comparan la fragilidad ética de Adorni con los peores vicios de la «casta» que prometieron combatir.
Paralelamente, el avance judicial es implacable. Las declaraciones de las jubiladas que le vendieron el departamento de la calle Miró al 500 dejaron más dudas que certezas. Tanto Beatriz Viegas como Claudia Sbabo afirmaron ante la Justicia no haber tenido trato directo con el hoy Jefe de Gabinete, señalando una estructura de intermediarios y socios que la Justicia ya empezó a peritar a través de sus teléfonos celulares. El foco está puesto en la semana próxima, cuando Pablo Martín Feijoo, el organizador de la operación inmobiliaria, deba explicar el origen de los fondos ante el tribunal.
El blindaje de Karina Milei tiene, además, un objetivo estratégico a corto plazo: el 29 de abril. Ese día, Adorni deberá enfrentar su primer informe de gestión en la Cámara de Diputados, un terreno que se anticipa hostil. Mientras el círculo íntimo de los Milei asegura que la presentación será un éxito, incluso sus propios aliados advierten que el Jefe de Gabinete se encamina a una «masacre» política. Sin respuestas claras sobre su patrimonio, el otrora vocero de las ironías diarias se enfrenta ahora al silencio cómplice de un Gobierno que prefiere la foto de campaña antes que la transparencia institucional.
