Foto: Bram Saeys; NWO Spinoza en Stevin uitreiking 2019
Amina Helmi, nacida en Bahía Blanca y formada en la Universidad Nacional de La Plata, recibió en Oslo el Premio Kavli de Astrofísica. Fue reconocida prestigiosamente por reconstruir la historia de la Vía Láctea a partir de los restos de antiguas colisiones entre galaxias.
Nacida en Bahía Blanca y formada académicamente en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), se convirtió en la primera científica argentina en recibir este reconocimiento, considerado habitualmente como el “Nobel” de la astrofísica.
El galardón fue compartido con los investigadores Vasily Belokurov y Rodrigo Ibata, cuyos trabajos también permitieron reconstruir el pasado de nuestra galaxia mediante el estudio de las huellas dejadas por galaxias más pequeñas que fueron absorbidas por la Vía Láctea.
Uno de los principales aportes de Helmi fue encontrar evidencias de que la galaxia que habitamos no se formó como una estructura aislada e inmutable, sino que su aspecto actual es resultado de una historia marcada por encuentros, fusiones y colisiones con otras galaxias.
El trabajo consiste, en términos generales, en estudiar las estrellas que actualmente forman parte de la Vía Láctea e identificar entre ellas rastros de sistemas galácticos que existieron de manera independiente hace miles de millones de años.
Esos remanentes funcionan como una suerte de “fósiles” galácticos: conservan información que permite reconstruir acontecimientos ocurridos durante las primeras etapas de formación de nuestra galaxia.
El presidente del Comité del Premio Kavli de Astrofísica, Per Barth Lilje, explicó la importancia de estos descubrimientos. “Los galardonados con el Premio Kavli han utilizado los restos de galaxias devoradas para demostrar que nuestra galaxia es la superviviente de enormes colisiones cósmicas de hace miles de millones de años”, señaló.
Según destacó, esos trabajos proporcionaron una nueva perspectiva sobre los procesos mediante los cuales se forman y evolucionan las galaxias.
La trayectoria científica de Helmi está estrechamente relacionada con la denominada arqueología galáctica, un campo de la astronomía que intenta reconstruir el pasado de galaxias como la Vía Láctea mediante el análisis de las estrellas que las componen actualmente.
Uno de sus aportes más reconocidos fue la identificación de un conjunto de estrellas que presentaban movimientos particulares y que podían interpretarse como los restos de una antigua galaxia absorbida por la nuestra.
Posteriormente, el desarrollo de nuevas observaciones y la enorme cantidad de información proporcionada por misiones espaciales permitió profundizar este tipo de investigaciones y reconstruir con mayor precisión los grandes eventos que dieron forma a la Vía Láctea.
Sus trabajos utilizan, entre otras herramientas, la quimiodinámica, que combina información sobre la composición química de las estrellas con sus movimientos para determinar sus posibles orígenes y reconstruir la evolución galáctica.
Tras recibir el reconocimiento, Helmi destacó que el premio representa no solamente su trayectoria individual, sino también el trabajo realizado durante años junto a numerosos investigadores. “Creo que es un premio a la carrera, al esfuerzo y al trabajo de tanta gente con la que colaboré todos estos años”, expresó en declaraciones a La Nación.
Y dimensionó el significado que tiene la distinción dentro de su disciplina: “Como no hay Nobel de Astrofísica, esto es lo máximo a lo que se puede llegar”.
Los Premios Kavli reconocen avances científicos en tres áreas: astrofísica, nanociencia y neurociencia. Son otorgados por la Academia Noruega de Ciencias y Letras en colaboración con la Fundación Kavli y el Ministerio de Educación e Investigación de Noruega.
El Kavli se suma a otros importantes reconocimientos obtenidos durante su trayectoria. En 2019 recibió el Premio Spinoza, considerado la máxima distinción científica de los Países Bajos, y en 2021 fue reconocida con el Premio Brouwer.
Ahora, el Premio Kavli distingue una trayectoria dedicada a reconstruir acontecimientos ocurridos miles de millones de años antes de la existencia de la humanidad. A partir del movimiento y la composición de estrellas que todavía permanecen en nuestra galaxia, los trabajos de Helmi y sus colegas permitieron demostrar que la Vía Láctea que observamos actualmente conserva en su interior las huellas de otras galaxias que alguna vez existieron y terminaron fusionándose con ella.
