El endeudamiento de los hogares argentinos alcanzó niveles récord en el inicio de 2026. Más de la mitad de las familias del país acumula deudas, tanto bancarias como informales, y la principal causa es la imposibilidad de afrontar gastos básicos como servicios, expensas y educación.
Seis de cada diez familias argentinas están endeudadas. Ese es el dato que emerge de los últimos relevamientos privados sobre la situación económica de los hogares en el país, y que revela el impacto concreto del ajuste sobre la vida cotidiana de millones de personas.
Según la consultora Focus Market, el endeudamiento de los hogares alcanzó niveles récord a comienzos de 2026. El 55% de las familias arrastra deudas, y la acumulación total supera los $39 billones: $32,1 billones corresponden a créditos bancarios y $6,9 billones a deudas no bancarias. La deuda promedio por familia asciende a $5,7 millones, mientras que la tasa de irregularidad en el pago de préstamos personales trepó del 3,5% al 13,2%, una señal de alarma sobre la capacidad de repago de los sectores medios y bajos.
El endeudamiento informal es el que más creció. Más de seis millones de hogares tienen deudas fuera del sistema bancario, que incluyen préstamos entre familiares y cuotas impagas de servicios esenciales. Los incumplimientos en servicios básicos pasaron del 2,3% al 5,4%; en expensas, del 1,4% al 4,9%; y en cuotas de colegios privados, del 0,7% al 3,1%. El patrón es claro: las familias no pueden llegar a fin de mes y recurren a cualquier alternativa disponible para sostenerse.
En paralelo, las deudas con tarjetas de crédito también batieron récords. De acuerdo con un informe de la consultora First Capital Group, la deuda por este medio creció en 28 de los 30 principales bancos del país. Al menos una de cada diez personas tiene una deuda bancaria activa, mientras que una de cada cuatro mantiene compromisos pendientes con billeteras virtuales. Según el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas, los gastos con tarjeta se destinaron principalmente a comida, indumentaria y combustible, lo que confirma que el endeudamiento no responde a consumos suntuarios sino a necesidades básicas.
El cuadro que describen los datos es el de una sociedad que se financia para sobrevivir, donde el crédito dejó de ser una herramienta de inversión o consumo para convertirse en un parche frente a la caída del poder adquisitivo.
