Con el Presidente en el exterior participando de acontecimientos Judíos, religión a la que Milei pertenece, Victoria Villarruel encabezará la comitiva oficial en la misa central. El gesto busca distender la relación con el Episcopado en un contexto de creciente tensión social y fuertes críticas al rumbo económico.
A un año del fallecimiento del Papa Francisco, la política argentina volverá a converger en un escenario de alta carga simbólica. La Basílica de Luján será la sede de la misa principal bajo el lema «Memoria agradecida», un acto que contará con la presencia confirmada de la vicepresidenta Victoria Villarruel y el secretario de Culto y Civilización, Agustín Caulo.
La asistencia del Ejecutivo se produce en un momento de necesidad política, buscando establecer puentes con una jerarquía eclesiástica que ha manifestado sus reservas respecto al impacto social del programa económico vigente.
El evento en Luján obligará a los funcionarios nacionales a compartir espacio con los sectores más críticos a la gestión de Javier Milei. Está prevista la participación de los gobernadores Axel Kicillof y Ricardo Quintela, además de la cúpula de la CGT y referentes de movimientos sociales.
Para la administración libertaria, la presencia en el templo representa un desafío protocolar y político: mostrar una faceta de institucionalidad y respeto religioso frente a un auditorio que reivindica el legado de Jorge Bergoglio, centrado en la justicia social y la atención a los vulnerables.
La delegación oficial, completada por Caulo —quien asumió el cargo en enero tras el paso de Nahuel Sotelo—, desembarca en la provincia de Buenos Aires mientras el Presidente Milei y el canciller Pablo Quirno desarrollan una agenda internacional en Israel. Esta división de tareas permite al Gobierno mantener su representación en un homenaje de relevancia nacional, intentando suavizar las asperezas históricas que han marcado el vínculo entre el universo libertario y la doctrina social de la Iglesia.
Desde la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), presidida por Marcelo Colombo, el mensaje ha sido claro: la convocatoria busca recordar un llamado a una «Iglesia cercana y comprometida con los más necesitados». En este marco, la foto de unidad institucional en la Basílica será observada con lupa. Más allá del tributo al Pontífice, la jornada funcionará como un termómetro de la capacidad de diálogo entre un Gobierno que pregona el individualismo de mercado y una Iglesia que, tras la partida de Francisco, refuerza su rol como red de contención social en el país.
