«Primero tomamos Anillaco» es una película que llevará a la gran pantalla algunos paisajes del NOA, entre ellos, los que embellecen nuestra provincia. Después de un proceso de producción que comenzó hace varios años, en esta nota exclusiva de Agencia de Noticias La Rioja su directora, Paula Martel cuenta cómo la perseverancia fue la vértebra de un todo.
El proyecto fue ganador del concurso Ópera Prima del INCAA 2025, que tiene como objetivo concretar las ideas innovadoras del mundo audiovisual aspirante, pero, para Paula el origen de la película está mucho antes. Reside en una decisión personal: regresar a Belén, el pueblo catamarqueño donde vivió parte de su infancia y donde todavía permanece buena parte de su familia, para encontrar ahí la voz de los personajes que quería construir.
Volver al lugar para encontrar la historia
Paula Martel nació en Buenos Aires pero mantiene desde su infancia un vínculo estrecho con Belén, Catamarca. Pasó buena parte de sus veranos que hoy la conectan con la adolescencia y la nostalgia de madurar, una secuencia vital para germinar lo consolidado. “Siempre estuve yendo y viniendo como con un pie acá y el otro allá”, relató. “Para mi es como habitar dos mundos”.
Uno de los aspectos centrales de Primero tomamos Anillaco es que sus protagonistas no fueron concebidos como actores porteños trasladados al norte argentino, sino que el proyecto nació a partir de la búsqueda de jóvenes de la región. “Sabía cómo eran los personajes, sus arquetipos. Cómo empezaba y cómo terminaba la aventura, en qué paisajes íbamos a circular. La dificultad para mí estaba en encontrar una voz. ¿Cómo esos personajes hablan? ¿Cómo se expresan? ¿Cómo suenan? ¿Qué palabras usan?”.
La solución fue instalarse en Belén. Entre olas de dudas también había impulsos y decisiones que enraizaron a Paula. Volvió para pisar las calles que ya conocía, como si la estuviesen esperando.
“Me instalo en Belén, me quedo, hago un casting y busco preadolescentes, los casteo, pruebo, veo qué sucede y empiezo a escribir”. El proceso implicó no solamente seleccionar actores, sino construir vínculos con ellos y acompañar su crecimiento durante años.
Finalizado el casting, aparece una distancia generacional con el contexto histórico que se traduce como un desafío. Los protagonistas son demasiado jóvenes para haber vivido la crisis de 2001 y, por eso, tuvieron que acercarse a un período que para ellos, quedaba solo en las clases de historia.
“Había que hacer como una pedagogía sobre cómo se filma, cómo se hace cine en Argentina, qué películas hay, qué fue el 2001, qué pasó en el 2001”, contó.
Entre las adversidades surgentes una era global, y es que el proyecto comenzó a desarrollarse antes de la pandemia. No solo sufrió las obvias consecuencias de la interrupción de actividades sino también la dificultad para acceder a vías de fomento y los cambios que atraviesa hasta la fecha, el sistema cinematográfico argentino.
Paula cuenta que asumió buena parte de los costos iniciales de su propio bolsillo: viajes, insumos y estadías. Un dato curioso es que en plena cuarentena llegó a vivir de manera itinerante ene un hostel vacío, estaba solo para ella. Lejos de ser ajenos a la gestación de la peli, esos momentos terminaron formando parte del proceso creativo.
La búsqueda de financiamiento y desarrollo llevó a Primero tomamos Anillaco a distintos espacios internacionales. Paula participó en laboratorios de escritura, festivales y encuentros de coproducción en países como Colombia, Chile, Guatemala, México y España.
La estrategia dio sus frutos y se asomaban los rayitos de un sol que parecía, al fin, salir. Destacó especialmente la participación en festivales de Guadalajara y Málaga, donde comenzó a comprobar que la película tenía interés fuera de Argentina. Dije: es por acá. Salir como se pueda, tarjeteando los pasajes, pidiéndole plata a papá, mamá, la tía, y así, buscando la forma porque la peli gustaba. Me di cuenta».
Uno de los vínculos más importantes surgió con México porque el proyecto obtuvo un gran reconocimiento de Estudios Churubusco. El estudio cinematográfico mas grande de Latinoamérica les otorgó espacio para la postproducción de sonido y la grabación de la banda sonora.
“Aun así es muy doloroso, muy difícil económicamente. Hacer un pitch atractivo, corto, vendible para una industria que a veces es dura. Siento que aprendí a capitalizar para el afuera”, reflexionó Paula sobre el camino recorrido.
Esos reconocimientos internacionales demostraron que la historia podía trascender su territorio de origen. “Tuve una fe muy constante en creer que las historias, cuando son locales, son universales también”.
Anillaco, Menem y el 2001: “No estoy filmando un juicio”
La llegada de la película a Anillaco incorpora una referencia particularmente significativa para los riojanos: la figura de Carlos Menem. Sin embargo, Paula aclara que no pretende ser una biografía del expresidente ni un juicio sobre su figura.
“Creo que lo más interesante, el desafío para mí, es poder generar curiosidad. No me importa si con eso genero incomodidad. Es un enigma y un misterio la figura de él durante la película”, explicó. “No puedo defender lo que fue el menemismo de ninguna manera. Y tampoco tengo ganas de pararme en una estética pop para banalizar lo que fue”.
El eje está puesto, en cambio, en el tránsito hacia la crisis de 2001 y el clima social posterior. “Estoy filmando una película de aventuras, una coming of age. Ahí está este cruce de géneros con el western. Es importante para mí poder crear una atmósfera y un aura de lo que fue esa época, de ese posmenemismo. La figura es como un faro que te lleva a motorizar todo lo demás”.
La elección de Catamarca y La Rioja tampoco responde únicamente a una cuestión estética. Utiliza el territorio como parte activa de la historia en lugar de dejarlo simplemente como una postal turística. Paula destaca la existencia de talento en el NOA, pero dice que muchas veces las oportunidades no alcanzan a quienes no cuentan con determinados antecedentes, contactos o herramientas para ingresar a los mecanismos de financiamiento. “Yo dije: no voy a llamar a los chicos de las familias bien de Belén. No lo voy a hacer. Creo que el arte trae mucha autovaloración, mucha autoconfianza y amor propio. Amor por lo que es nuestro, por lo que está puesto en el bien común”, sostuvo.
Después de años ahogados en trabajo, idas y vueltas entre límites territoriales, castings, reescrituras y una ingeniería absoluta para poner sobre la mesa todos los comprobantes, diplomas, premios ganados, la selección de Primero Tomamos Anillaco en Ópera Prima representa un punto de inflexión. “Se presentaron entre 100 y 200 proyectos y ganaron solo seis. Y nosotros quedamos en primer lugar. ¿Qué pasa con el resto? ¿Por qué otros proyectos no ganaron? ¿Quiénes quedaron en el camino?”.
Y por eso es que más allá de concretar lo propio, lo soñado y trabajado con los suyos, hay una espera que abanica la posibilidad de transformar este trayecto en una vivencia precursora de que existen otros modelos posibles de producción. “No digo que se imite esto. Yo no sé tampoco si podría hacer este mismo proceso otra vez. Creo que hay cosas que son de la primera vez, que se quedan en la experiencia de la ópera prima y está bien”, reflexionó.
Como broche de oro, una frase concluyente de Paula nos da un paneo muy chiquito por la película pero que también define la vida en sí misma con sus aristas y dimensiones: “No podemos despolitizar las formas de producir y no podemos quitar el afecto y la ternura en cómo las vamos a hacer”.
