Ante un auditorio cómodo de empresarios e inmobiliarios, el ministro de Desregulación dibujó estadísticas insostenibles para ocultar el impacto de un ajuste brutal que ahoga a las familias, beneficia a la especulación financiera y liquida el mercado interno.
En una nueva muestra de cinismo oficial y desconexión con la realidad de la mayoría de los argentinos, Federico Sturzenegger reapareció públicamente para montar una escenografía de prosperidad que solo existe en las planillas del Gobierno. El ministro de Desregulación y Transformación del Estado eligió la 16° Expo Real Estate, un foro rodeado de desarrolladores urbanos y grandes jugadores del negocio inmobiliario, para lanzar una afirmación descabellada: que bajo la gestión de Javier Milei la economía creció un 10% tras quince años de estancamiento.
El malabarismo estadístico del funcionario roza el ridículo. Pretender instalar una recuperación récord mientras la industria nacional se desploma, el consumo popular se arrastra por el piso y los salarios pierden de forma sistemática contra los costos de vida básicos, demuestra el nivel de manipulación de la narrativa libertaria.
Para Sturzenegger, el supuesto éxito radica en un modelo reprimarizado donde las exportaciones crecen sin derramar un solo dólar en el bolsillo de los trabajadores, consolidando un esquema de saqueo que beneficia a un puñado de sectores concentrados mientras condena a la quiebra a la pequeña y mediana empresa.
Lejos de mostrar empatía con las necesidades habitacionales de la población, el discurso de Sturzenegger dejó al descubierto el verdadero propósito del plan económico: transformar la vivienda en un activo financiero inaccesible. Al celebrar que el dólar perderá valor frente a las propiedades, el ministro confirmó que el Ejecutivo gobierna para que el sector inmobiliario siga siendo un refugio de dolarización, dejando totalmente al margen a las familias que ni siquiera pueden afrontar un alquiler tras la feroz desregulación del mercado.
La provocación no se detuvo allí. En un arranque de audacia, el ministro se declaró «promotor total» de los nefastos créditos UVA, la trampa financiera que endeudó e hipotecó el futuro de miles de familias durante el macrismo. En lugar de revisar las consecuencias de esos créditos indexados e impagables, Sturzenegger responsabilizó al sector bancario por no salir a cazar los ahorros de la gente para volcarlos a este sistema de endeudamiento a perpetuidad, demostrando que la prioridad oficial es alimentar la liquidez del sistema bancario a costa del riesgo de la gente.
«El dólar puede perder valor pero no en una propiedad… la inversión en el mercado inmobiliario es una inversión particularmente atractiva», desnudó el ministro, ratificando que para el Gobierno el acceso al techo propio es un privilegio financiero y no un derecho básico.
El tramo final de su exposición estuvo dedicado a la venta de humo tecnológica y a la profundización del desmantelamiento del Estado. Bajo la excusa de la modernización, Sturzenegger presentó la Plataforma Ciudadana de Firmas y el Sistema Federal de Registro de Garantías, herramientas que encubren la quita sistemática de regulaciones y controles públicos. La promesa de pasar de «cosas obligatorias a optativas» no es más que la doctrina oficial para dejar desprotegido al eslabón más débil en cualquier relación comercial o laboral.

