El uso problemático de celulares y redes sociales entre menores es un tema nuevamente puesto sobre la mesa luego de que Meta acordara implementar nuevas restricciones para los usuarios menores de 18 años de Instagram y Facebook.
Las medidas llegan después de años de investigaciones sobre la manera en que determinadas características de las plataformas digitales pueden favorecer un uso prolongado y dificultar que los usuarios más jóvenes puedan desconectarse.
Entre los mecanismos señalados aparecen el desplazamiento infinito de contenidos, las notificaciones, los “me gusta”, la reproducción automática y los algoritmos personalizados, herramientas diseñadas para mantener la interacción dentro de las plataformas.
Las investigaciones distinguen entre el tiempo de pantalla en general y lo que se denomina uso problemático o adictivo de las redes sociales. Este último aparece cuando una persona tiene dificultades para controlar cuánto utiliza las plataformas, incluso cuando intenta reducir ese consumo, y cuando ese comportamiento comienza a interferir con actividades como dormir, estudiar o relacionarse con otras personas.
Especialistas de la Universidad de California en San Francisco encontraron señales de este comportamiento incluso entre preadolescentes de 11 y 12 años. En uno de esos trabajos, el 15,5% afirmó haber intentado reducir el uso de las redes sociales sin conseguirlo, mientras que el 22,5% señaló que dedicaba mucho tiempo a pensar en las aplicaciones o planificar su utilización.
También encontraron asociaciones entre patrones de uso problemático y una mayor presencia posterior de síntomas depresivos, comportamientos suicidas, trastornos del sueño y menor rendimiento en pruebas cognitivas de memoria y lenguaje. Esto no significa, sin embargo, que las redes sociales sean necesariamente la causa única o directa de esos problemas: la relación entre tecnología y salud mental adolescente es compleja y puede estar atravesada por múltiples factores.
El sueño aparece como uno de los puntos de especial preocupación. Investigaciones que siguieron a miles de jóvenes detectaron un uso considerable de teléfonos durante la madrugada y encontraron que las redes sociales eran la categoría de aplicaciones más utilizada entre la medianoche y las cuatro de la mañana.
Con todos estos resultados, Meta alcanzó un acuerdo con fiscales generales estadounidenses por las demandas que acusaban a la compañía de diseñar Facebook e Instagram de manera que fomentaran comportamientos adictivos entre niños y adolescentes. La empresa negó haber actuado ilícitamente, pero aceptó pagar hasta 18 mil millones de dólares y modificar el funcionamiento de sus plataformas para los usuarios más jóvenes.
Una de las principales modificaciones será un límite predeterminado de dos horas diarias para los menores de 18 años. El tiempo será acumulativo entre Facebook e Instagram y los adolescentes necesitarán autorización parental para desactivar la restricción.
También se bloqueará de manera predeterminada el acceso a las aplicaciones entre la medianoche y las 6 de la mañana y se silenciarán las notificaciones durante el horario escolar, entre las 8 y las 15. Los mensajes directos quedarán exceptuados de algunas de estas limitaciones.
Además, después de cada 15 minutos de uso continuo, los adolescentes recibirán avisos para hacerlos conscientes del tiempo que llevan frente a la pantalla. Habrá nuevas advertencias cuando alcancen los 60 y 90 minutos diarios.
Las modificaciones no se limitarán al tiempo de utilización. Los adolescentes podrán optar por un feed no personalizado por algoritmos y tendrán la posibilidad de desactivar la reproducción automática de contenidos.
Meta también ocultará de manera predeterminada el número de “me gusta” y reacciones que reciben las publicaciones y restringirá determinados filtros vinculados con modificaciones extremas de la apariencia física.
La compañía se comprometió además a reforzar sus sistemas para detectar cuentas pertenecientes a menores de 13 años e identificar a adolescentes que hayan informado una edad adulta al registrarse.
El pediatra e investigador Jason Nagata, de la Universidad de California en San Francisco, sostiene que el problema aparece especialmente cuando existe pérdida de control y el uso comienza a interferir con el sueño, la escuela, las relaciones personales y otras actividades importantes.
Por eso, las nuevas restricciones acordadas por Meta representan un cambio significativo: parte de la responsabilidad por regular el consumo deja de recaer exclusivamente sobre adolescentes y familias y pasa también al diseño de las propias plataformas.
Las medidas, sin embargo, se aplicarán en los estados y territorios estadounidenses comprendidos en el acuerdo y no constituyen automáticamente una política mundial. Meta pidió además a otras plataformas, particularmente TikTok y YouTube, que adopten restricciones similares.
