Buenos Aires se convirtió en el primer territorio urbano en contar con un índice específico para medir cómo la inteligencia artificial generativa puede impactar sobre las tareas que realizan sus trabajadores. El relevamiento fue elaborado por el Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires (CESBA), con validación técnica y metodológica de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
El Índice de Exposición Ocupacional a la Inteligencia Artificial Generativa determinó que el 67% del empleo porteño tiene algún grado de exposición a esta tecnología. El índice general de la Ciudad alcanzó 0,353 sobre una escala de 0 a 1, donde 0 representa la menor exposición y 1, la mayor.
La medición contempló 39 ocupaciones y fue desarrollada por los investigadores Juan Manuel Ottaviano y Macarena Santolaria. El indicador no busca determinar cuántos puestos de trabajo desaparecerán por la IA, sino identificar en qué medida las distintas tareas que componen cada ocupación pueden verse afectadas por tecnologías de inteligencia artificial.
Uno de los principales puntos del estudio es la diferencia entre exposición y reemplazo. Que una ocupación tenga una alta exposición a la inteligencia artificial no implica necesariamente que el trabajador vaya a ser sustituido. El índice toma en cuenta las tareas que forman parte de cada empleo y calcula qué proporción de ellas puede ser automatizada o realizada con asistencia de herramientas de IA. Por eso, los investigadores plantean un escenario de transformación, automatización y complementariedad, más que uno de reemplazo generalizado de trabajadores.
Un ejemplo permite dimensionar la metodología: dentro de las tareas de un oficinista, “transcribir información a computadoras y corregir textos” registra una exposición de 0,71, mientras que “clasificar, abrir y enviar correspondencia” alcanza 0,39.
La diferencia muestra que incluso dentro de una misma ocupación el impacto potencial de la IA no es uniforme: algunas actividades pueden ser más fácilmente automatizadas, mientras otras requieren capacidades que la tecnología no sustituye de la misma manera.
El análisis realizado por el CESBA también encontró diferencias según la categoría ocupacional y el nivel de calificación. Los asalariados registrados, trabajadores operativos y profesionales aparecen entre los grupos con mayor exposición a la IA. En cambio, los trabajadores no registrados y quienes desempeñan ocupaciones no calificadas presentan niveles considerablemente menores.
La variable etaria y de género muestra otro resultado relevante: las mujeres jóvenes aparecen como el grupo con mayor exposición dentro de las categorías analizadas. Esto no significa necesariamente que sean quienes más empleos perderán. La exposición mide el grado en que sus tareas pueden ser modificadas por la tecnología, por lo que el efecto final dependerá, entre otros factores, de cómo se implemente la IA, qué tareas se automaticen y qué nuevas funciones aparezcan.
El resultado está relacionado, en parte, con las características de la estructura laboral porteña. Buenos Aires tiene una economía fuertemente concentrada en actividades de servicios y ocupaciones administrativas, profesionales y vinculadas al conocimiento, precisamente algunos de los ámbitos donde las herramientas de IA generativa pueden intervenir sobre una mayor cantidad de tareas.
El estudio identificó tres grandes sectores como los que presentan mayor exposición a la inteligencia artificial:
* Administración pública.
* Finanzas, TIC y servicios profesionales.
* Comercio, alojamiento y gastronomía.
En conjunto, estos sectores representan aproximadamente uno de cada dos empleos. En el extremo contrario aparecen actividades con una exposición inferior al promedio porteño, entre ellas artes y entretenimiento, construcción y servicio doméstico.
La diferencia está vinculada con el tipo de tareas que predominan en cada actividad. Las ocupaciones que dependen principalmente de información, procesamiento de datos, producción de textos o tareas administrativas presentan más posibilidades de interacción con sistemas de IA que aquellas que requieren trabajo físico, presencia territorial o manipulación directa de objetos.
El presidente del CESBA, Manuel Socías, vinculó los resultados con la estructura económica y social de la Ciudad.
“Dada su estructura productiva, que es fundamentalmente de servicios, está más expuesta a los avances de la disrupción tecnológica, por lo que también comienza a atravesar una transformación muy profunda en su mercado de trabajo”, explicó.
Para Socías, el resultado plantea la necesidad de anticipar esos cambios mediante políticas públicas y mecanismos de diálogo entre trabajadores, empresas y Estado. “Eso requiere instancias urgentes de diálogo social tripartito, para que la inteligencia artificial sea una oportunidad y no una amenaza”, sostuvo.
El relevamiento no permite saber por sí solo cuántos puestos serán eliminados, creados o transformados. Su principal aporte es otro: identificar dónde está concentrada la exposición a la IA y qué tipo de tareas podrían cambiar primero. En ese sentido, el índice funciona como una herramienta para pensar políticas de capacitación, reconversión laboral y regulación antes de que la transformación tecnológica avance sobre el mercado de trabajo.
