La Iglesia Católica enfrenta una nueva fractura luego de que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X consagrara cuatro nuevos obispos sin autorización del papa León XIV, en una ceremonia realizada en la localidad suiza de Écône. La decisión implica la excomunión automática de los responsables y marca un nuevo capítulo en el histórico conflicto entre el Vaticano y el sector ultraconservador.
La ceremonia se llevó a cabo este miércoles, ante unas 15.000 personas y fue transmitida en vivo por internet en seis idiomas. Allí fueron ordenados como obispos el suizo Pascal Schreiber, el estadounidense Michael Goldade y los franceses Michel Pointsinet de Sivry y Marc Hanappier. La consagración estuvo a cargo de los obispos Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay, referentes de la fraternidad.
Horas antes del acto, León XIV había enviado una carta al superior general de la FSSPX, Davide Pagliarani, en un último intento por evitar la ruptura. “Les suplico desde el fondo de mi corazón: ¡reconsideren su decisión!”, expresó el pontífice, quien advirtió que la ordenación sin mandato papal supondría un “desgarro de la túnica de Cristo”.
El pedido fue desoído. Según el derecho canónico, la consagración de obispos sin autorización del Papa constituye un acto que acarrea la excomunión automática (latae sententiae), sanción que excluye a los involucrados de la comunión con la Iglesia Católica y que podría alcanzar también a quienes adhieran formalmente a la organización.
Desde la Fraternidad defendieron la decisión al considerar que era necesaria para garantizar la continuidad de la denominada “sucesión apostólica”, ante la avanzada edad de sus actuales obispos. Pagliarani sostuvo que el grupo busca “servir a la Iglesia” y aseguró que actúan convencidos de preservar la verdadera tradición católica.
La FSSPX fue fundada en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre como respuesta a las reformas impulsadas por el Concilio Vaticano II, entre ellas la celebración de la misa en lenguas vernáculas, el diálogo con otras religiones y la apertura de la Iglesia hacia la sociedad contemporánea. Desde entonces, el grupo mantiene una postura crítica hacia esos cambios y promueve el regreso a las prácticas litúrgicas tradicionales.
El conflicto con el Vaticano tiene antecedentes. En 1988, el papa Juan Pablo II excomulgó a Lefebvre tras la ordenación irregular de cuatro obispos. En 2009, Benedicto XVI levantó esas sanciones con el objetivo de facilitar un acercamiento, aunque las diferencias doctrinales persistieron. Durante el pontificado de Francisco continuaron las conversaciones, pero las restricciones impuestas posteriormente a la celebración de la misa en latín reavivaron las tensiones.
Con la llegada de León XIV, el Vaticano retomó las negociaciones a través del prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor “Tucho” Fernández. Sin embargo, las conversaciones no prosperaron y el Papa nunca recibió personalmente a los dirigentes de la fraternidad.
La FSSPX afirma contar con unos 720 sacerdotes y alrededor de 500.000 fieles en distintos países, incluido un seminario ubicado en la localidad bonaerense de La Reja. Aunque representa una porción reducida frente a los más de 1.400 millones de católicos en el mundo, la ruptura adquiere relevancia por tratarse del mayor desafío interno que enfrenta León XIV desde el inicio de su pontificado y por su impacto en la búsqueda de unidad dentro de la Iglesia Católica.
