El ministro de Economía, Luis Caputo anunció que los bancos podrán otorgar préstamos en moneda extranjera a un universo más amplio de empresas. La nueva disposición alcanza incluso a compañías que no exportan, que no son proveedoras directas de firmas exportadoras o que no cuentan con garantías vinculadas a actividades que generen dólares.
La medida establece, además, que los bancos podrán prestar hasta el equivalente al 15% de sus depósitos en dólares. Según la explicación difundida tras el anuncio, el volumen de créditos en moneda extranjera viene creciendo con fuerza: pasó de unos US$3.700 millones a US$24.700 millones, mientras los depósitos en dólares se encuentran en niveles récord.
*El principal temor: una devaluación*
El cuestionamiento de parte de los industriales se concentra en el denominado descalce de monedas. Una empresa que produce y vende principalmente en pesos puede tomar una deuda en dólares a una tasa relativamente baja, pero si el tipo de cambio aumenta significativamente, el monto de la deuda expresado en pesos también se incrementa.
Por eso, algunos empresarios consideran que la herramienta puede resultar atractiva para compañías que tienen ingresos genuinos en dólares, como las exportadoras, pero mucho más riesgosa para aquellas cuyos ingresos están mayoritariamente pesificados.
“Si me garantizaran que van a tener el dólar planchado hasta el final del mandato tomaría el crédito”, planteó uno de los industriales consultados por Página/12, que comparó la situación con “jugar a la ruleta rusa”.
El debate no es nuevo en la economía argentina. Después de la crisis de 2001 se establecieron restricciones para limitar el otorgamiento de préstamos en dólares a empresas o personas que no tuvieran ingresos en esa moneda, precisamente para reducir el riesgo de que una fuerte devaluación provocara problemas de solvencia.
La modificación actual vuelve a poner ese riesgo en el centro de la discusión. Un antecedente reciente es la Resolución 94/2026, que permitió que las Sociedades de Garantía Recíproca avalen determinados préstamos en moneda extranjera para empresas que no necesariamente facturan en dólares. Especialistas y sectores críticos de la medida advirtieron entonces que una devaluación podría incrementar fuertemente el peso de esas obligaciones sobre las pymes.
La cuestión central, por lo tanto, no pasa solamente por si los créditos en dólares son baratos o caros, sino por quién puede asumir razonablemente una deuda en esa moneda. Para una empresa exportadora, los dólares provenientes de sus ventas pueden funcionar como cobertura natural. Para una industria que vende en pesos y debe comprar dólares para cancelar el préstamo, una modificación importante del tipo de cambio puede transformar una tasa de interés baja en un costo financiero mucho mayor.
