Como todos los años y ante una concurrida convocatoria se celebró este domingo la tradicional procesión por San Francisco Solano. Partió desde las 7.45 desde la Iglesia San Francisco en el centro de la Ciudad, para evocar el Encuentro, ese Tinkunaco de Fe con el Niño Alcalde en Las Padercitas.
El obispo Dante Braida concelebró la Santa Misa, donde pidió diálogo y reconciliación en la comunidad, “escuchando al otro”, para así construir una sociedad más justa.
La celebración se realizó enmarcado en varios años jubilares, de acuerdo a lo que marca la fe católica. Por un lado, se cumplen los 300 años de la canonización de San Francisco Solano, mientras se conmemoran los 800 años de la muerte de San Francisco de Asís y los 50 años del martirio de los Beatos Riojanos. Estas fechas se vieron reflejadas en muchos tramos de la peregrinación, a la que se le fueron.
“Muchas veces estamos en esta situación de estar a lo mejor en grupos donde hay conflictos, o quizás hay personas que nos cuestan, o a lo mejor pensamos que esta tierra es solamente para mi sector o para mi espacio al cual pertenezco. Sin embargo, cuando nos conectamos con Dios descubrimos que la tierra es para todos y que todos merecen tener el pan en sus mesas para vivir y crecer con dignidad; que el trabajo digno tiene que ser una realidad para todos. Y si hay diferencias en la sociedad, y si hay a veces enfrentamiento de unos con otros, un cristiano tiene que marcar la diferencia. Tiene que ser aquel capaz de arriesgar su propia vida para ir al encuentro del otro, para escuchar al otro, para dialogar con el otro”, destacó Braida en su homilía.
“Algo que tenía como característica San Francisco Solano también era esto de conocer la cultura del otro, conocer sus costumbres, comprenderlas, aprender la lengua — tenía facilidad con la lengua — entonces se ponía en el lugar del otro para poder comprenderlo y ayudarlos a que conozcan a Jesucristo y conozcan en Él la salvación. Por eso un primer paso para buscar un mundo más unido, donde todos podamos habitarlo, es saber ponernos en el lugar del otro, escucharlo y darnos tiempo para esto. Pedirle a Dios la gracia de comprender en qué lugar está el otro y que podemos caminar juntos. Y siempre esto implica un cambio en nosotros mismos. Nadie sale igual cuando tenemos que enfrentar una situación de estas y lo hacemos con el Evangelio en la mano y en el corazón, y buscando el bien de todos”, acotó en un claro posicionamiento en estos tiempos que se viven.
“Hoy invitados para vivir la vida cristiana, que podamos estar atentos, como decía, a los demás, pero especialmente a las periferias de este tiempo, aquellos que les cuesta más la vida. Cuántas personas están enredadas quizás en algún sinsentido, a veces que lo lleva a caer en alguna adicción; cuántas personas hoy no tienen todas las comidas que necesita una persona para vivir dignamente. Y no lejos de nuestras casas. Por eso tenemos que estar atentos porque cuando esto pasa, algo está mal en la sociedad y todos somos responsables de que las cosas puedan cambiar. Por eso como creyentes tenemos que estar atentos y animarnos a un cambio y a algo distinto, y siempre animarnos a la renuncia, al despojo de uno mismo para poder animarnos a arriesgar nuestra vida por un mundo mejor, por una sociedad más justa”, se pronunció el obispo, en este contexto nacional.
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“Hemos llegado aquí luego de recorrer las calles de la ciudad, desde el Templo San Francisco hasta este lugar, Las Padercitas, que nos evoca a San Francisco Solano. Este lugar preciso donde sucedió aquel primer Tinkunaco. A lo largo del camino se fueron sumando numerosos peregrinos, según me iban contando recién, con algunos que pude ir hablando. Esto nos habla de que San Francisco Solano, el Niño Alcalde, nos atrae la vida de ellos. Cuando una vida es bien vivida, una vida sigue el Evangelio, esa vida atrae a los demás”, aseveró.
“Él fue un santo siguiendo las huellas de Jesús y el ejemplo de San Francisco de Asís: ejemplo de fe y amor incondicional a Jesús, ejemplo de pobreza y desprendimiento, ejemplo de vida fraterna y de opción por los pobres. Hoy cada uno de nosotros está llamado a vivir en santidad, también en un vínculo fuerte con Dios y en una búsqueda de vivir el Evangelio en los compromisos que cada uno tiene en la Iglesia y en la sociedad”, añadió Braida.
“Recién en el Evangelio hemos escuchado que Jesús, después de haber multiplicado los panes, envía a los apóstoles a la otra orilla del lago y Él se va solo a un lugar apartado, sube a la montaña y va a orar, a estar a solas con su Padre. Jesús también busca momentos de soledad, después para estar con sus discípulos y para formarlos especialmente para la vida fraterna y también para la misión que les iba a encomendar”, subrayó.
“En este año en que estamos conmemorando los 300 años de la canonización de Francisco Solano, el ministro de la orden ha mandado una carta donde resalta algunos aspectos de la vida de Francisco Solano. Él dice que anduvo como 15 años recorriendo Argentina y parte del Paraguay, misionando miles de kilómetros a pie. Pero dice esta carta que antes de hacer toda esta caminata misionera, él estuvo 20 años en España donde fue madurando la vocación misionera. Integrado a una fraternidad, en un compromiso fuerte con la vida fraterna y también en una vida de mucha oración. O sea, se preparó en una intimidad fuerte con Dios, caminando con otros, de tal modo que no vino aquí, podríamos decir, como un francotirador, sino como miembro de una orden y con una confianza profunda en Dios”, informó.
