Javier Milei logró dominar la conversación pública tras su cadena nacional sobre Malvinas. Pasó de ocupar un marginal 14% a acaparar un 95% de la agenda digital en apenas unas horas.
Por Mauricio Guerrero
Sin embargo, acaparar la atención no es lo mismo que convencer. Y los datos que dejó el informe de escucha social muestran que la estrategia tuvo grietas profundas por donde se le colaron los peores números.
El primer dato incómodo es el resultado general: un empate técnico que dejó un saldo negativo. Con un 39% de críticas frente a un 36% de apoyo (y un 26% neutral), el Gobierno no logró construir la unidad que buscaba. Pero lo más revelador de este número no fue el porcentaje en sí, sino el comportamiento del apoyo: la mayoría de los defensores de Milei no usaron las medidas soberanas para argumentar, sino la pelea contra la oposición. El ataque a los “kukas” representó el 15,2% de las menciones, mientras que el respaldo real a la causa sumó solo un 8,9%.
La llamada «unidad» nació muerta porque se usó como un garrote político.
El segundo dato no positivo fue el «efecto Cenicienta». El Gobierno ganó la noche de la cadena nacional con un saldo inicial a favor (+6,0), pero perdió la madrugada. Entre las 0:00 y las 8:00 de la mañana, la tendencia se dio vuelta de forma drástica (-10,0) y nunca más volvió a recuperarse en el resto de la jornada.
¿Qué pasó mientras el país dormía? Entró el archivo.
Casi un 30% de las menciones críticas se concentraron en calificar la jugada de oportunismo, “humo” y contradicción. La gente no discutió si Malvinas es argentina o no; discutió la credibilidad de quien hablaba. Surgieron los viejos elogios a Margaret Thatcher, el recuerdo a Pinochet, las declaraciones pasadas sobre la autodeterminación de los isleños y tuits viejos de dirigentes de su propio espacio.
Ahí aparece el dato más dañino para la Casa Rosada: el impacto del fuego amigo. Un 12,8% de la conversación crítica no provino del kirchnerismo ni de la izquierda, sino de exaliados y del propio ecosistema libertario. Cuando los tuyos son los que dicen que el anuncio es una cortina de humo, el argumento pierde la etiqueta de «operación opositora» y se convierte en una verdad incómoda.
A esto se le suma que los apoyos internacionales que se quisieron vender como triunfos tampoco cuajaron en la gente. Los ejes sobre Donald Trump y la relación con Chile generaron un rechazo del 61% y 63% respectivamente. La gente leyó con desconfianza las intenciones de Washington y miró con zozobra cómo Chile abría una ruta comercial hacia las islas el mismo día.
Por último, el clima emocional fue lapidario. Lejos de la ilusión colectiva, el 73% de las emociones identificadas en la conversación fue de desprecio (combinación de asco y enojo). Incluso entre quienes apoyaron el anuncio, el enojo (31%) y el asco (26%) superaron holgadamente a la alegría (21%). Se apoyó desde la bronca, no desde la convicción.
El informe deja una lección política clara para el oficialismo.
La cadena nacional sirvió para cambiar de tema y tapar la agenda por unas horas. Pero cuando un gobierno intenta usar una causa patria sin resolver antes sus propias contradicciones, el archivo digital actúa como un boomerang: no solo no une a los ciudadanos, sino que termina exponiendo las debilidades del propio emisor.
