El director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, Agustín Salvia, cuestionó la medición de la pobreza en Argentina y sostuvo que, aunque los indicadores muestran una baja, persisten problemas metodológicos y estructurales que impiden reflejar la realidad de los hogares.
El director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), Agustín Salvia, puso en duda la reciente baja de los índices de pobreza y planteó que los datos deben interpretarse con cautela debido a limitaciones metodológicas en su medición.
El sociólogo reconoció que “la pobreza bajó efectivamente”, pero advirtió que existe “cierta ficción en los datos o cierta levedad”, lo que dificulta afirmar que haya una mejora real en las condiciones de vida. “Hay un problema de medición y de realismo de esas mediciones”, sostuvo, al tiempo que aclaró que no se trata de una manipulación del INDEC, sino de dificultades técnicas en los instrumentos utilizados.
En ese sentido, Salvia remarcó que la percepción social no coincide con las cifras oficiales. “La gente no está sintiendo en el bolsillo que tiene más capacidad de consumo que hace un año. Por el contrario, caen los consumos de lácteos, de yerba y el consumo general”, explicó.
Uno de los factores centrales, según detalló, es el cambio en la estructura del gasto de los hogares. Los servicios básicos como luz, agua, gas, transporte y comunicaciones ocupan una porción cada vez mayor del ingreso, lo que reduce el dinero disponible para otros consumos. “El componente disponible para otros gastos baja significativamente”, indicó.
El especialista también cuestionó el uso de canastas de consumo desactualizadas para medir la pobreza. Según explicó, se utilizan parámetros basados en estructuras de consumo de 2004 y 2005, que no reflejan el peso actual de los servicios. A esto se suma la actualización mediante índices con ponderadores también atrasados, lo que genera resultados que pueden mostrar una baja de la pobreza que no coincide con la realidad económica.
Además, señaló que las mejoras en la medición de ingresos influyen en los resultados. “Al medir mejor cuánto ingresa y compararlo contra una canasta desactualizada, te da caídas de la pobreza que parecen extraordinarias”, afirmó.
No obstante, Salvia consideró que la caída de la indigencia es más consistente, en parte porque la canasta básica alimentaria creció por debajo de la inflación general. “Podemos decir que la pobreza bajó en términos estadísticos, sí. Pero no se siente en el bolsillo de muchas personas”, resumió.
En cuanto al panorama general, sostuvo que la capacidad de consumo se mantiene en niveles similares a los de la pospandemia, como en 2021 o 2022, aunque con un contexto inflacionario distinto. Incluso advirtió que estimaciones preliminares ubican la pobreza cerca del 30% en el último trimestre.
El sociólogo también vinculó la situación a problemas estructurales del mercado laboral, como el estancamiento del empleo privado, la caída del empleo público y el crecimiento de la informalidad. “No hay una crisis alimentaria, pero tampoco una tendencia clara a mejorar. Estamos cristalizando un 25% o 30% de pobreza estructural”, afirmó.
Por otro lado, desde la UCA remarcaron que persisten dificultades de fondo, como la precariedad laboral y las limitaciones para acceder a bienes y servicios básicos. En este contexto, señalaron que la pobreza no puede analizarse únicamente desde el ingreso, sino también desde una perspectiva multidimensional que contemple vivienda, salud, educación y empleo.
Cabe señalar que INDEC estimó que la pobreza al cierre del 2025 fue del 28,2% y la indigencia en 6,3% en los principales centros urbanos del país. La cifra es la más baja desde 2018.
