
La nueva comunidad recibió el nombre de Orden de la Merced y sus integrantes fueron conocidos como mercedarios. En su fundación participaron también San Raimundo de Peñafort y el rey Jaime I de Aragón. La institución contó, además, con un cuarto voto, por el cual sus miembros se comprometían con la liberación de los prisioneros, incluso llegando a ofrecerse para ocupar su lugar cuando fuera necesario.

Con el paso de los siglos, la congregación se extendió por distintos territorios. Junto con franciscanos y jesuitas, sus integrantes estuvieron entre los primeros misioneros que llegaron a América. En Buenos Aires se levantó un templo en su honor en 1604, lo que consolidó esta presencia religiosa en la ciudad.
La devoción del pueblo riojano se hizo presente una vez más, en esta procesión en honor a la Virgen de la Merced.
