El Gobierno Nacional está intentando vender la caída de la inflación en abril como un triunfo, ignorando que el freno en los precios es el resultado directo del congelamiento de los salarios y la parálisis total de las góndolas.
La administración de Javier Milei se prepara para vender como un éxito rotundo lo que, en realidad, es el síntoma de una economía en estado de hibernación. Según diversas consultoras privadas, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril finalmente perforaría el techo del 3%, ubicándose en un rango que el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) ya anticipaba como el «sendero descendente». Sin embargo, detrás de la frialdad de los números se esconde una realidad asfixiante para el bolsillo de los trabajadores.
La supuesta «desaceleración» se apoya fundamentalmente en el rubro de alimentos y bebidas. Consultoras como EcoGo sitúan la inflación de este sector en apenas un 0,3% durante la segunda semana del mes, proyectando un cierre mensual cercano al 2,3%. Si bien el Gobierno intenta capitalizar este dato, omiten mencionar que la estabilidad en las góndolas no es producto de una lluvia de inversiones, sino de la brutal caída del consumo: la gente, sencillamente, ya no puede comprar.
El escenario, no obstante, dista de ser un camino despejado para el programa económico libertario. El «arrastre» de costos no da tregua y los factores externos comienzan a jugar en contra. La escalada del conflicto en Medio Oriente ha disparado el precio del petróleo a nivel global, una variable que el ministro Caputo no puede controlar y que ya se traduce en una presión constante sobre los combustibles. Este fenómeno actúa como un ancla que impide que la inflación perfore el piso del 2% en el corto plazo.
Incluso dentro del optimismo de las consultoras aliadas, aparecen señales de alerta. Mientras Econviews destaca una baja en carnes del 0,7%, otros relevamientos como los de LCG muestran subas del 1,5% en el mismo rubro y alzas en lácteos y huevos. Esta disparidad en las mediciones refleja una economía distorsionada donde los precios relativos siguen buscando un equilibrio que el ajuste fiscal de Milei parece no encontrar, dejando a los sectores más vulnerables a merced de la volatilidad.
En definitiva, abril traerá el «alivio estadístico» que el Ejecutivo necesita para alimentar su narrativa en redes sociales. Pero, como advierten economistas como Salvador Di Stéfano, existen «variables incontroladas» que amenazan con dinamitar cualquier proyección optimista. Con los combustibles al alza y una recesión que no encuentra piso, el festejo de LLA corre el riesgo de ser, una vez más, una victoria pírrica sobre las cenizas del mercado interno.
