En medio de una sangría diaria por revelaciones de gastos exorbitantes, la suspensión de su informe en el Senado profundizó la grieta interna. El funcionario busca despegarse y desafía: «Yo estoy dispuesto a ir».
El oficialismo vive horas de máxima tensión y más a allá del mundial y los goles de Meesi, no logra sacar del epicentro de la tormenta a Manuel Adorni. Ahora, la crisis política e interna sumó un nuevo capitulo entre el Jefe de Gabinete y Patricia Bullrich. La decisión de suspender la presentación de Adorni en la Cámara Alta, lejos de calmar las aguas, actuó como un bumerán que lo dejó en una posición de extrema debilidad.
La encargada de «desactivar la bomba» era Patricia Bullrich. La jefa de la bancada oficialista tejió una rápida estrategia parlamentaria para cancelar la visita de Adorni al recinto, pactada originalmente para el 2 de julio. Su argumento fue proteger al funcionario de un «linchamiento público» de ocho horas por parte de la oposición, en un contexto donde ningún bloque había presentado preguntas sobre la gestión del Estado, anticipando que la sesión se convertiría en un tribunal sobre su patrimonio.
Sin embargo, en los pasillos del Congreso el análisis es unánime: el «escudo» de Bullrich terminó operando como una confirmación de culpa. Retirarlo de la escena para evitar una interpelación, sumada a la estrategia de Martin Menem que derivó, con apoyo de la UCR y el Pro, en la caída de la sesión prevista para ayer martes, instaló la sensación de un encubrimiento preventivo, dejando la imagen de un funcionario que no puede resistir el archivo ni las preguntas de la oposición.
«Llevarlo en este escenario era regalarle una cabeza a la oposición, pero esconderlo lo hace parecer culpable antes de tiempo», admitía por lo bajo una fuente parlamentaria del propio espacio.
Golpeado por la acumulación de denuncias mediáticas sobre sus gastos y herido en su orgullo político por el «operativo clamor» que lo corrió de la escena, Adorni no se quedó de brazos cruzados. En un movimiento que desnudó la total falta de coordinación entre el Ejecutivo y el Legislativo, el funcionario utilizó la red social X para diferenciarse de la estrategia de su propia bancada.
«Yo estoy a entera disposición para ir el 2 de julio o cuando el Senado lo disponga», disparó, intentando limpiar su imagen y mostrar una postura de transparencia frente a las acusaciones. El mensaje fue un tiro directo a la línea de flotación de Bullrich: Adorni prefiere el riesgo del banquillo de los acusados antes que el costo político de quedar como un prófugo del control parlamentario.
