En el cierre de su gira imperial, el Presidente disertará ante banqueros e inversores y mantendrá un encuentro con el cuestionado primer ministro de Israel, omitiendo las sanciones a la petrolera que explota ilegítimamente los recursos argentinos en el Atlántico Sur.
En el tramo final de su costosa gira por Estados Unidos, el presidente Javier Milei mantendrá una reunión bilateral con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y disertará en un ostentoso almuerzo ante el círculo financiero en el Club Económico de Manhattan. La jornada, marcada por la subordinación geopolítica de la Casa Rosada, saca a la luz una severa contradicción y una muestra más del doble discurso libertario: la complicidad diplomática ante la entrega de los recursos naturales en las Islas Malvinas.
El encuentro con Netanyahu se produce en un escenario de absoluto alineamiento ideológico, llegando al extremo de que Milei decidió extender de manera deliberada su estadía en suelo norteamericano para concretar una foto que el propio Donald Trump prefirió evitar. Sin embargo, detrás de la retórica de la «alianza estratégica», la reunión oculta un escandaloso silencio oficial en defensa del patrimonio nacional.
En la cuenca norte del archipiélago argentino opera ilegalmente la firma de origen israelí Navitas Petroleum, la cual controla el 65% del proyecto petrolero Sea Lion en sociedad con la británica Rockhopper Exploration. A pesar de que la soberanía argentina está siendo violada por esta explotación ilegítima, la administración de Milei prefirió archivar cualquier medida de presión diplomática, como la postergación del traslado de la embajada argentina a Jerusalén, para no incomodar al premier israelí, quien ya se había desentendido del tema argumentando que se trata de «una empresa privada».
Consultado sobre si el Presidente le reclamará a Netanyahu por la petrolera que saquea los recursos en Malvinas, el canciller Pablo Quirno apeló al evasivas y se limitó a responder que «se trata de una conversación privada», dejando al descubierto la renuncia del Gobierno a defender con firmeza la soberanía cuando los infractores son sus aliados políticos.
Antes del cónclave con el líder israelí, Milei se presentará ante banqueros e influyentes ejecutivos de Wall Street acompañado por el ministro de Economía, Luis Caputo, el canciller Quirno y el embajador Alec Oxenford. Ante el auditorio neoyorquino, el jefe de Estado ensayará una defensa de la causa Malvinas y expondrá sus teorías sobre el impacto de la inteligencia artificial, a la que comparó de forma insólita con «la fábrica de alfileres de Adam Smith».
No obstante, la escenografía internacional y las declamaciones formales frente al establishment económico no logran tapar la realidad: mientras el relato libertario monta un show de firmeza diplomática ante los micrófonos extranjeros, en los hechos mantiene una preocupante pasividad y servilismo frente a la expoliación colonial e imperialista de los recursos en el Atlántico Sur.
