Cada 15 de septiembre se conmemora una jornada clave para reflexionar sobre los valores institucionales, el estado de los derechos humanos y la vigencia de los sistemas representativos a nivel global. En Argentina, la efeméride adquiere un significado especial en un país que transita más de cuatro décadas ininterrumpidas de vida democrática.
El 15 de septiembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Democracia, una fecha instituida por las Naciones Unidas para recordar que la soberanía reside en el pueblo y que la defensa de las libertades individuales, la paz y los derechos humanos debe situar siempre a las personas en el centro de la acción estatal.
El término, que proviene de los vocablos griegos demos (pueblo) y kratos (poder o autoridad), define al sistema político en el cual la ciudadanía ejerce el gobierno de manera directa o mediante representantes electos. Pese a que no existe un modelo único y conviven diversas interpretaciones acordes a cada sociedad, la ONU reconoce a la democracia como un valor universal indispensable para garantizar derechos, deberes y obligaciones en cualquier Estado republicano.
La fecha fue establecida formalmente el 8 de noviembre de 2007 mediante una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrándose por primera vez en 2008. Sin embargo, la elección del 15 de septiembre remite a un hito histórico de 1997: ese día, la Unión Interparlamentaria adoptó la Declaración Universal de Democracia.
El proceso que derivó en esta jornada internacional comenzó en 1988 por iniciativa de la entonces presidenta de Filipinas, Corazón Aquino, tras la Revolución Pacífica del Poder del Pueblo que puso fin a más de dos décadas de dictadura de Ferdinand Marcos. Tras sucesivas Conferencias Internacionales sobre Democracias Nuevas y Restauradas, el consejo asesor de la VI conferencia realizada en Qatar promovió el proyecto de resolución ante la ONU, manteniendo la propuesta del 15 de septiembre como fecha conmemorativa.
Para la República Argentina, esta fecha adquiere una resonancia profunda. Tras el oscuro periodo de la última dictadura cívico-militar, el país recobró el orden institucional el 10 de diciembre de 1983, iniciando el periodo democrático ininterrumpido más extenso de su historia.
A lo largo de más de 40 años, la consolidación del sistema democrático se ha transformado en la herramienta fundamental del pueblo argentino para recuperar y defender las libertades individuales, la participación política, la libertad de expresión y la ampliación de derechos frente a cualquier intento de censura o autoritarismo.
