Por Mariangel Oviedo Andrada
Una investigación desarrollada por especialistas detectó actividad geotérmica en el volcán Corona del Inca, considerado durante años inactivo. El hallazgo no implica riesgo eruptivo, pero abre nuevas preguntas científicas y una posibilidad a futuro: aprovechar el calor interno de la Tierra para producir energía limpia en La Rioja.
Durante años, la idea parecía cerrada: el volcán Corona del Inca era considerado un sistema apagado, una estructura geológica cuya actividad había quedado sepultada en un pasado remoto. Sin embargo, la ciencia tiene una particularidad: a veces una pequeña evidencia es suficiente para obligar a volver a mirar aquello que parecía resuelto.
Eso ocurrió con un grupo de investigadores que estudió la zona y encontró señales que indican que debajo del volcán todavía persiste actividad geotérmica. La noticia rápidamente despertó curiosidad y también una pregunta inevitable: si hay calor activo debajo del volcán, ¿podría volver a despertar?
La respuesta, según aclara el geólogo y director del CRILAR, Dr. Alansino, es no.
Pero antes de llegar a esa respuesta hay que entender qué fue exactamente lo que encontraron.
“Lo que encontramos fueron señales de que el sistema geotérmico, es decir, el calor interno del volcán en profundidad, todavía está activo”, explicó.
El investigador aclara que los estudios no se realizaron perforando el interior del volcán ni explorando enormes cavidades subterráneas. El trabajo se hizo desde la superficie, a través de distintas técnicas capaces de revelar lo que sucede kilómetros más abajo.
Para entenderlo de manera sencilla, propone imaginar un sistema hidrotermal como una enorme circulación de agua a altas temperaturas que recibe calor desde las profundidades.
“Generalmente podríamos imaginar un sistema hidrotermal como agua a alta temperatura, muchas veces en estado gaseoso, que se calienta por el enfriamiento de cámaras magmáticas que ya están apagándose”.
Es decir, aunque la actividad volcánica principal haya cesado hace muchísimo tiempo, todavía puede existir calor remanente.
“Es un calor residual producto de la última erupción del volcán, que ocurrió hace aproximadamente medio millón de años”.
Ese detalle es importante porque cambia la imagen clásica que muchas personas tienen sobre los volcanes. La idea de un volcán “apagado” no siempre significa ausencia absoluta de actividad interna.
Los volcanes, como muchos procesos geológicos, funcionan en escalas temporales difíciles de imaginar para la experiencia humana. Lo que para una persona puede parecer eterno, para la Tierra puede ser apenas una transición.
El calor escondido bajo los Andes
Para comprender por qué ocurre este fenómeno hay que mirar todavía más abajo, hacia el interior del planeta.
Según explicó Alansino, la actividad geotérmica está directamente relacionada con el calor terrestre: “En cualquier lugar del planeta, cuanto más profundo vamos hacia el interior de la Tierra, mayor es la temperatura”.
Sin embargo, no todos los lugares tienen las mismas condiciones. La cordillera de los Andes posee características geológicas especiales.
“En zonas como la cordillera existe actividad magmática, hay rocas fundidas en profundidad que se alojan en cámaras magmáticas y eso hace que la anomalía térmica sea mucho mayor”.
Detrás de ese fenómeno hay un proceso gigantesco: el movimiento de placas tectónicas.
“Para explicarlo simple: del lado de Chile, el fondo oceánico se mete por debajo de nuestra placa continental. Eso genera fuerzas y altas temperaturas que producen magma”.
Ese magma busca ascender y, aunque no siempre llegue a la superficie, genera calor que puede mantenerse durante miles de años.
Es justamente ese calor el que convierte a las zonas cordilleranas en regiones con gran potencial geotérmico.

Cómo estudiar algo que no puede verse
Una de las preguntas más interesantes es cómo los científicos pueden saber qué ocurre a kilómetros de profundidad.
La respuesta está en las pistas que la propia naturaleza deja en la superficie.“El primer paso son estudios de superficie porque son procesos relativamente de bajo costo”, explicó.
Los investigadores estudian aguas termales, fracturas de rocas y realizan análisis químicos extremadamente precisos.
“El fluido necesita zonas permeables o fracturas para poder ascender”.Lo que se busca es descubrir el origen de esas aguas calientes.
Una posibilidad es que simplemente sean aguas de lluvia que se filtran hacia capas profundas, se calientan y luego regresan a la superficie.
Pero el caso del Corona del Inca mostró algo más.
“Las surgencias hidrotermales no tenían solamente una firma química asociada a aguas meteóricas o de lluvia; encontramos señales vinculadas a fluidos magmáticos”.
Esa diferencia fue una de las claves del descubrimiento.
“Eso nos indica que el sistema todavía está activo”.
Aunque inmediatamente aclara algo que considera central:“No hay que confundir un sistema geotérmico activo con una cámara magmática activa”.

¿Hay riesgo de erupción?
La pregunta apareció casi automáticamente después de difundirse el hallazgo.
La sola palabra “volcán” suele despertar imágenes de lava, explosiones y peligro.
Sin embargo, Alansino fue contundente.
“No está relacionado”.
Y amplió:“Una cosa es que exista un sistema geotérmico activo, es decir, agua caliente circulando en profundidad; otra muy distinta es tener una cámara magmática activa”.
Según explicó, lo más probable es que esa antigua cámara ya esté fría o cristalizada.
“No hay evidencia de actividad ígnea o lava activa en profundidad. No existe riesgo alguno de erupción”.
Incluso el estudio encontró indicios de que el sistema se fue enfriando progresivamente.
Los investigadores analizaron pequeños organismos hallados cerca de las aguas termales.
“Reconocimos microfósiles que vivieron hace miles de años”.
Esos organismos permitieron reconstruir cómo era el ambiente en el pasado.
“Las temperaturas habrían sido mucho mayores, probablemente cercanas a los 90 grados centígrados”.
Es decir: el sistema estuvo mucho más caliente y lentamente comenzó a perder intensidad.
La energía del futuro podría estar debajo de los pies
Más allá de la geología, el hallazgo también abre otra discusión: la energética.
¿Puede La Rioja aprovechar ese calor interno para generar electricidad?
La posibilidad existe.
“Hoy Argentina no tiene plantas geotérmicas activas, aunque Chile sí cuenta con experiencias de este tipo”.
Y plantea un escenario posible:
“Si los estudios continúan avanzando, no solo en Corona del Inca sino también en otras áreas similares, a futuro la provincia podría desarrollar este recurso”.
La energía geotérmica tiene una ventaja importante.
“Es un recurso prácticamente inagotable a escala humana”.
Aunque requiere inversiones iniciales elevadas, el investigador señala que los avances tecnológicos pueden modificar esos costos.
“La Rioja además ya viene desarrollando energías limpias, como la eólica y la solar”.
La geotermia podría convertirse en un nuevo capítulo de esa historia.

La emoción detrás del hallazgo
Más allá de los datos, mapas y análisis químicos, también existe una dimensión humana.
Cuando se le preguntó qué sintió al encontrar evidencias que cuestionaban algo que parecía establecido, la respuesta dejó ver el entusiasmo del investigador.
“Había una creencia de que el volcán estaba totalmente apagado o extinto”.
Y agregó:
“Encontrar evidencias de que el sistema sigue activo genera entusiasmo y ganas de seguir trabajando”.
Pero además, detrás de la investigación aparece una idea más amplia.
“La posibilidad de impulsar energías limpias, con bajo impacto ambiental y pensando en las futuras generaciones, es algo muy interesante”.
El trabajo fue financiado en gran parte mediante un convenio entre Parque Eólico Arauco y Conicet, que permitió desarrollar esta investigación y abrir nuevas líneas de estudio sobre uno de los paisajes más imponentes de la cordillera riojana.
Porque a veces la noticia no está en un volcán que despierta. A veces la noticia está en descubrir que, incluso debajo de aquello que parecía dormido, la Tierra todavía conserva calor.
