Hay figuras históricas cuya huella resulta tan profunda que su mensaje atraviesa el tiempo y se ubica, de manera natural, por encima de cualquier coyuntura. Monseñor Enrique Angelelli es, sin duda, una de ellas.
A medio siglo de su martirio, La Rioja se prepara para vivir una conmemoración que trasciende lo formal para convertirse en un hecho histórico de profunda relevancia social y comunitaria. El próximo sábado, la provincia será el punto de encuentro de miles de personas, delegaciones y referentes que se darán cita con un solo propósito: rendir tributo a la memoria viva del obispo y de los beatos mártires Wenceslao Pedernera, Fray Carlos de Dios Murias y el presbítero Gabriel Longueville.
La magnitud de esta convocatoria no responde a un llamado sectorial ni a una agenda circunstancial. Quien convoca es el propio legado de Angelelli. Un legado construido a orillas del camino, compartiendo el mate con las familias campesinas, escuchando a los trabajadores y haciendo de la fe un compromiso transformador con los más vulnerables.
Ese camino no lo recorrió solo. Junto a él, la entrega de Fray Carlos de Dios Murias y del presbítero Gabriel Longueville en Chamical reconfirmó que la cercanía con el pueblo y la escucha atenta eran la única forma posible de anunciar el Evangelio. Del mismo modo, el testimonio de Wenceslao Pedernera desde la sencillez del trabajo rural y el amor a su familia demostró que el compromiso con la justicia y la dignidad humana no pertenecía únicamente a la estructura eclesial, sino a la vida cotidiana de cada riojano.
Cincuenta años después, la sangre de los cuatro beatos mártires conforma un único testimonio que une a toda la comunidad. Sus historias recuerdan que la verdadera grandeza se construye en la fidelidad a los valores más profundos y en la solidaridad incuestionable con quienes más lo necesitan.
Por eso, la conmemoración de este aniversario trasciende fronteras y banderas. A medio siglo de aquel 1976, las banderas que guiaron a la Iglesia riojana (la unidad, la paz, la justicia y la dignidad humana) conservan una vigencia incuestionable. Su célebre lema episcopal, «Justicia y Paz», no fue una consigna abstracta, sino un estilo de vida que nos sigue interpelando a todos, sin distinción de orígenes ni pertenencias.
El encuentro de este sábado es, en esencia, una oportunidad para reencontrarnos en torno a esos valores esenciales. Rendir homenaje a los mártires riojanos implica reconocer en su entrega un patrimonio que pertenece a la memoria colectiva de toda la provincia y del país.
El pastor que eligió caminar junto a su pueblo sigue marcando el rumbo: la verdadera construcción comunitaria se logra cuando la solidaridad y el bien común se ubican por encima de todo.
