Durante su intervención en Nueva York, el Presidente lanzó duros ataques al organismo multilateral y defendió las acciones militares en Medio Oriente, en medio de un clima de marcada frialdad diplomática y notorio ausentismo en las bancadas internacionales.
En un nuevo capítulo de alineamiento geopolítico y confrontación diplomática, el presidente Javier Milei volvió a utilizar el estrado de la Asamblea General de las Naciones Unidas para desplegar un discurso alineado con la agenda de la derecha internacional. Ante un recinto que lució marcadamente despoblado y frente a la indiferencia de gran parte de los representantes extranjeros, el mandatario argentino dedicó buena parte de su alocución a justificar las acciones del gobierno israelí y a cuestionar los consensos del organismo internacional.
Durante su exposición, el jefe de Estado acusó a las Naciones Unidas de haber «votado sistemáticamente en contra de Israel» y cargó contra los países miembros por lo que definió como un silencio cómplice ante el terrorismo internacional. El tono beligerante de la intervención profundizó el distanciamiento de la diplomacia argentina respecto de las posiciones históricas de neutralidad y multilateralismo.
El discurso, pronunciado ante una audiencia reducida en la sede de Manhattan, puso de manifiesto el relativo peso y la falta de convocatoria de la comitiva oficial en los principales foros globales.
El fuerte posicionamiento a favor del Ejecutivo israelí se suma a una serie de declaraciones dirigidas a estrechar vínculos con sectores conservadores en Estados Unidos e Israel, priorizando la sintonía ideológica por sobre las relaciones multilaterales del país.
Aunque hacia el cierre de su intervención el Presidente hizo mención al reclamo soberano sobre las Islas Malvinas, la dureza de sus planteos previos y la falta de acompañamiento en el recinto reflejaron las dificultades de la gestión para construir consensos amplios en materia de política exterior. De este modo, la gira neoyorquina concluye reconfirmando un rumbo diplomático rígido que prioriza los gestos hacia sus aliados sobre la búsqueda de apoyos internacionales.
