Tras su discurso en la Asamblea General, el Presidente dio una entrevista en la que trazó un panorama irreal del país, justificó su alineamiento ciego con Israel y apeló a insólitas metáforas para maquillar el ajuste masivo.
En una demostración de absoluta desconexión con la realidad social y económica que atraviesan los sectores populares en la Argentina, el presidente Javier Milei volvió a recurrir al espectáculo mediático en Estados Unidos. En la puerta del ostentoso hotel Langham de Manhattan, flanqueado por el ministro de Economía Luis Caputo y en diálogo con la señal TN, el mandatario apeló a una batería de frases altisonantes e insólitas para describir un país ficticio que solo existe en su relato.
Durante la entrevista, el Presidente no dudó en afirmar de manera desconcertante que, gracias al supuesto superávit de la balanza comercial energética, a la Argentina “los dólares le salen por las orejas”. La frase resuena como una provocación en medio de una economía real asfixiada por la pérdida del poder adquisitivo, la parálisis de la industria y la caída del consumo interno, variables que el Ejecutivo busca opacar mediante la propaganda financiera.

A la hora de repasar los supuestos logros de su administración, Milei redobló la apuesta y declaró haber «terminado con la inseguridad», apelando únicamente a la represión del conflicto social y a la eliminación de las protestas en las calles como indicador de éxito. Asimismo, lanzó maniobras estadísticas para adjudicarse una abrupta caída de la pobreza a niveles irrisorios, desconociendo la profunda crisis que sufren a diario millones de familias en las barriadas del país.
El paso del mandatario por las Naciones Unidas sirvió también para ratificar el rumbo de su agenda geopolítica de subordinación. Además de calificar de «genocidio» las medidas sanitarias tomadas globalmente durante la pandemia, Milei cargó contra la Agenda 2030 y los consensos internacionales sobre el cambio climático y el desarrollo sostenible.
En un gesto de fuerte sumisión ideológica, respaldó sin titubeos la conducción del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Milei llegó a sostener que «si no fuera por él, Israel no seguiría existiendo», cerrando los ojos ante las denuncias de violaciones a los derechos humanos y el rechazo generalizado de la comunidad internacional a las acciones militares en Medio Oriente.
Respecto de la soberanía sobre las Islas Malvinas, el relato oficial apeló al voluntarismo sin ofrecer avances concretos. Frente a las crecientes alianzas del Reino Unido con la administración estadounidense, el Presidente intentó minimizar el impacto afirmando que confía en que la diplomacia logrará la restitución del territorio nacional, sugiriendo de forma ingenua que la crisis política interna británica llevará a Londres a «llamarse a la reflexión» y devolver las islas.
Por su parte, el ministro Luis Caputo acompañó la retórica festiva prometiendo un nivel de «inversión fenomenal» en la economía real. Sin embargo, al igual que en presentaciones anteriores, no ofreció precisiones ni acuerdos firmes, dejando en evidencia que el viaje a Nueva York funcionó más como una gira publicitaria para consumo interno que como una instancia real de gestión.
