Por Mariangel Oviedo Andrada
El ingeniero Javier Tineo advirtió sobre despidos masivos y una pérdida de capacidades técnicas en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial. Alertan por el impacto en la industria, los controles de calidad y la vida cotidiana.
Un organismo clave en la mira
El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. En un contexto de ajuste y redefinición del rol del Estado, trabajadores y especialistas advierten sobre un proceso que no se limita a una reestructuración administrativa, sino que podría implicar una pérdida profunda de capacidades técnicas y de control.
“El INTI está siendo producto de un desmantelamiento de un gobierno que no tiene a la industria como una vertical prioritaria en sus políticas”, sostuvo el ingeniero Javier Tineo. Según explicó, la falta de crédito, financiamiento y herramientas de apoyo, sumadas a la apertura de importaciones, configuran un escenario que debilita el entramado productivo nacional.

Despidos y achicamiento: el corazón del conflicto
Actualmente, el organismo cuenta con poco más de 2.200 trabajadores, luego de un proceso de retiros voluntarios que redujo significativamente su planta. Sin embargo, el escenario podría profundizarse en el corto plazo.
“Se está planteando la posibilidad de eliminar al menos mil puestos de trabajo. Es un número que varía, pero podría implicar hasta la mitad del personal actual”, advirtió Tineo. Lejos de tratarse únicamente de áreas administrativas, el recorte impactaría principalmente en perfiles técnicos: profesionales, científicos y tecnólogos que sostienen los laboratorios, ensayos y servicios que presta el organismo.
El ingeniero también señaló que hubo intentos recientes de modificar la estructura institucional del INTI, buscando reducir su autonomía y convertirlo en una dependencia dentro de la órbita de Industria. Para los trabajadores, esto implica una pérdida de capacidad operativa y de incidencia en el desarrollo productivo.
Qué hace el INTI (y por qué importa más de lo que parece)
Aunque su trabajo no siempre es visible, el INTI cumple funciones centrales en la vida cotidiana y en el sistema productivo. Desde la verificación de surtidores de combustible hasta el control de procesos alimentarios, su rol está directamente vinculado a la seguridad, la calidad y la transparencia.
“El INTI verifica, por ejemplo, los caudalímetros de las estaciones de servicio, la calidad de los cascos o los procesos de pasteurización de la leche. También asiste a las empresas para mejorar su productividad y competitividad”, explicó Tineo.
Esta tarea combina control, certificación, asistencia técnica e innovación, especialmente orientada a pequeñas y medianas empresas que dependen de estos servicios para sostener su desarrollo.

Cuando faltan controles, aparecen los riesgos
El impacto de una eventual reducción del organismo no se limita al plano laboral. También alcanza a consumidores y ciudadanos en su vida diaria. Materiales difundidos por trabajadores del sector refuerzan esta idea con ejemplos concretos.
Sin controles adecuados, un surtidor puede entregar menos combustible del que se paga, una balanza puede alterar el precio real de un producto o un alcoholímetro sin calibración puede derivar en sanciones injustas. En el ámbito alimentario, la falta de verificación puede implicar riesgos sanitarios, mientras que en la industria de la construcción o la seguridad laboral puede traducirse en accidentes evitables.
“Cuando se eliminan los controles, el riesgo lo asume la sociedad”, sintetizan desde el sector. La advertencia no es menor: lo que no se mide, no se controla; y lo que no se controla, puede fallar.

Impacto en la industria y el interior del país
El posible debilitamiento del INTI también abre interrogantes sobre el desarrollo productivo, especialmente en el interior. Con presencia federal, el organismo cumple un rol clave en el acompañamiento a economías regionales y PyMEs.
“La pérdida de estas capacidades implica menos asistencia técnica, menos innovación y menor competitividad para las empresas”, señaló Tineo. En provincias como La Rioja, donde la articulación entre Estado e industria es fundamental, el impacto podría ser aún más sensible.

Un conflicto en desarrollo
Frente a este escenario, los trabajadores se mantienen en estado de alerta y organización. A la espera de definiciones concretas, los gremios analizan posibles medidas para visibilizar el conflicto y resistir los recortes.
“Estamos atentos a cómo se van a materializar estas decisiones, pero ya hay una clara intención de avanzar en despidos y reducción del organismo”, advirtió Tineo. Además, cuestionó el argumento fiscal detrás del ajuste: “El INTI no representa un costo significativo, pero sí cumple un rol estratégico en el desarrollo industrial”.
Más allá del ajuste: qué está en juego
El debate en torno al INTI excede la coyuntura. Pone en discusión el modelo de desarrollo, el rol del Estado en la regulación y promoción industrial, y la importancia de la ciencia y la tecnología como pilares del crecimiento.
Menos controles no solo implican menos Estado: también pueden significar menos garantías, menos transparencia y más riesgos en productos, servicios y procesos que forman parte de la vida cotidiana.
Si los controles desaparecen y la capacidad técnica se reduce, ¿quién garantiza la calidad, la seguridad y la equidad en lo que producimos y consumimos?
