Se cumplen 49 años desde aquel 30 de abril de 1977 en el que un grupo de mujeres comenzó a caminar alrededor de la Plaza de Mayo y dio origen a uno de los símbolos más persistentes de la historia reciente argentina: la ronda de las Madres de Plaza de Mayo. Aquel gesto inauguró una forma inédita de resistencia colectiva que aún hoy se proyecta en nuevas luchas sociales.
En sus primeros encuentros, aquellas mujeres venían de peregrinar por comisarías, iglesias, regimientos y despachos oficiales donde predominaban el silencio, la indiferencia o la amenaza. El giro decisivo ocurrió cuando, ante la orden de “circulen” impartida por las fuerzas de seguridad bajo estado de sitio, decidieron no dispersarse. Organizadas por Azucena Villaflor, se tomaron del brazo y comenzaron a rodear la Pirámide de Mayo. Sin saberlo, estaban dando forma a una práctica política que desafiaría al poder durante décadas.
De ese movimiento nació lo que luego sería conceptualizado como la socialización de la maternidad: la ampliación del vínculo materno más allá de lo individual hacia lo colectivo. Ya no se trataba únicamente de la búsqueda del propio hijo o hija desaparecido, sino de todos ellos. En ese proceso, el pañuelo blanco -surgido de una peregrinación a Luján y del uso de pañales de tela- se transformó en un emblema universal de resistencia y memoria.
La dimensión del coraje necesario para sostener esa búsqueda atraviesa los testimonios y la memoria viva del movimiento. Celia Jinski de Korsunsky recordaba el desafío de enfrentar el miedo sin dejarse paralizar: “Si lloro me pierdo en los laberintos y no puedo armar nada”, decía. En la misma línea, Taty Almeida sintetiza la persistencia del colectivo con una frase que se volvió consigna: “A pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie”.
Esa persistencia no quedó confinada al pasado. El legado de las Madres continúa operando como referencia política y ética en el presente, especialmente en nuevas formas de organización vinculadas a derechos vulnerados.
En una transmisión intergeneracional, las Madres de Plaza de Mayo aparecen como una forma de entender la política desde el cuerpo, el dolor y la acción colectiva. Su ronda, iniciada en aquel año como respuesta al terror, sigue funcionando como una pedagogía de la resistencia.
