A días de la movilización del 30 de abril, el dirigente Cristian Jerónimo apuntó contra la mística religiosa del Presidente en Israel mientras se profundiza el deterioro de los sectores más vulnerables. La central obrera busca posicionarse como el principal freno a las reformas de desregulación.
En la antesala de lo que se prevé será una masiva jornada de protesta el próximo 30 de abril, la Confederación General del Trabajo (CGT) elevó el tono de sus críticas hacia la gestión de Javier Milei. Cristian Jerónimo, cosecretario general de la central y titular de SEIVARA, fue el encargado de poner voz al malestar gremial, señalando una desconexión entre la agenda internacional del mandatario y la realidad interna.
“El Presidente va a besar el Muro de los Lamentos en Israel y llora, cuando la Argentina atraviesa una situación crítica que viven los jubilados y los discapacitados», fustigó el dirigente, subrayando lo que calificó como una falta de sensibilidad ante el ajuste.
La ofensiva sindical no solo se limita a lo gestual, sino que pone el foco en las reformas estructurales que impulsa el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado. En particular, Jerónimo manifestó su rechazo a las modificaciones en el sistema aduanero promovidas por Federico Sturzenegger.
Según el gremialista, cualquier alteración en el Código Aduanero impacta directamente en sectores estratégicos de la economía nacional y debe ser tratada con una responsabilidad que, a entender de la CGT, el Gobierno parece soslayar en su afán por liberalizar el comercio.
Desde la central obrera se han autodefinido como el «bastión de resistencia» frente a un modelo que, aseguran, genera una incertidumbre creciente en los sectores productivos. La movilización del 30 de abril, programada en las vísperas del Día del Trabajador, no solo funcionará como una demostración de fuerza en la Plaza de Mayo, sino también como un espacio de reivindicación doctrinaria.
En este sentido, Jerónimo confirmó que se realizará un homenaje al Papa Francisco, a poco de cumplirse un año de su fallecimiento, rescatando su defensa del valor del trabajo frente a las lógicas del mercado.
Con el diálogo institucional prácticamente quebrado, la CGT busca forzar una reapertura de la discusión sobre el modelo económico. Para la conducción sindical, la marcha de fin de mes es un llamado de atención ante las consecuencias de políticas que, denuncian, priorizan el equilibrio financiero por sobre el bienestar social.
Mientras el Gobierno mantiene su rumbo sin señales de apertura, el sindicalismo se prepara para un nuevo capítulo de confrontación en las calles, exigiendo un cambio de eje que priorice la producción y el empleo nacional.
