Mientras el Jefe de Gabinete es investigado por enriquecimiento ilícito y malversación de fondos, el presidente de la Cámara Baja banaliza la rendición de cuentas institucional pidiendo a la sociedad que «compre pochoclos» para el debate.
En un gesto de preocupante frivolidad frente a las instituciones, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, confirmó que el próximo 29 de abril Manuel Adorni concurrirá al recinto para brindar su informe de gestión. Lejos de la solemnidad que exige la Constitución, Menem optó por el tono de espectáculo mediático al asegurar que la jornada será «picante» y recomendar a la ciudadanía que «compre pochoclo», como si la rendición de cuentas de un funcionario bajo sospecha fuera una función de cine y no una obligación democrática.
La bravuconada de Menem no es casual: busca blindar a un Jefe de Gabinete que hoy se encuentra en el ojo de la tormenta judicial. Adorni enfrenta graves denuncias por enriquecimiento ilícito y un crecimiento patrimonial obsceno que no coincidiría con sus declaraciones juradas. Sin embargo, para la conducción de La Libertad Avanza, estas sospechas de corrupción son simplemente intentos de la oposición por «llevar al Gobierno al barro», desestimando el avance de la justicia sobre el manejo de los fondos públicos.
Durante su exposición en el Colegio de Abogados, el titular de la Cámara Baja defendió con vehemencia al ex vocero, alegando que las acusaciones solo buscan «generar desánimo». Este discurso victimista intenta instalar la idea de que cualquier fiscalización sobre la honestidad de los funcionarios libertarios es un ataque político, una estrategia que el propio Gobierno criticaba antes de llegar al poder pero que ahora abraza para proteger a sus cuadros más cuestionados.
Con el país sumergido en una crisis profunda, la respuesta del oficialismo ante las denuncias de malversación es la burla y el espectáculo. La sesión del 29 de abril promete ser un campo de batalla donde el oficialismo, con Menem a la cabeza, intentará transformar un trámite institucional de transparencia en un circo televisado para distraer la atención de los expedientes judiciales que asedian la Casa Rosada.
