Por Mariangel Oviedo Andrada
Mientras en el debate público la ciencia muchas veces aparece como un tema lejano o abstracto, en La Rioja su impacto es concreto, cotidiano y profundamente ligado al desarrollo del territorio. Está en el agua que se consume, en la producción agrícola, en el cuidado del ambiente y en la planificación de los recursos naturales.
Desde el CRILAR, uno de los principales espacios de investigación de la provincia, el trabajo científico se orienta directamente a resolver problemáticas locales. Su director, el geólogo Pablo Alansino, explica que los estudios que allí se desarrollan permiten “evaluar la calidad del agua de consumo, identificar contaminantes naturales y aportar información clave para la gestión de recursos hídricos en zonas áridas”.
Pero ese impacto no se detiene ahí. Se proyecta en múltiples dimensiones que sostienen la vida y la producción en la provincia.
Del territorio a la producción: cuando investigar es resolver
Investigaciones en sistemas geotérmicos permiten pensar en energías renovables para el desarrollo regional, mientras que los estudios sobre degradación de tierras y ecología aportan herramientas fundamentales para el ordenamiento territorial y la conservación ambiental.
A su vez, el análisis geológico de las sierras riojanas brinda información estratégica tanto para la evaluación de recursos minerales como para el desarrollo de infraestructura. En el plano productivo, la ciencia también interviene directamente en problemáticas vinculadas al riego, el control de plagas y el impacto del cambio climático en cultivos regionales como el olivo y el nogal.
Incluso, el conocimiento científico se articula con el turismo y la cultura, a partir de investigaciones en patrimonio arqueológico y paleontológico.
La ciencia, en este sentido, no es un concepto abstracto: es una herramienta que ya está funcionando.
El rol de la universidad: producir conocimiento que sirva

Ese entramado no sería posible sin el rol de las universidades públicas. En la Universidad Nacional de La Rioja, su rectora Natalia Albarez Gómez plantea que la docencia, la investigación y la extensión forman parte de un mismo sistema.
La formación de profesionales se articula con la producción de conocimiento y su transferencia a la comunidad. Pero hay una idea que atraviesa este enfoque: ese conocimiento debe ser útil. Debe poder dar respuestas concretas a las demandas sociales, productivas e históricas del territorio, permitiendo comprender la realidad y transformarla.
No se trata solo de saber más, sino de saber para transformar.
La nueva variable: la inteligencia artificial en las aulas
En ese camino, aparece un nuevo desafío: la tecnología. La inteligencia artificial ya no es una discusión futura, sino una herramienta que empieza a incorporarse en la universidad pública riojana.
A través de experiencias concretas, como chatbots con bibliografía específica, los estudiantes pueden interactuar con contenidos, teorías e incluso con enfoques de autores en contextos aplicados.
La premisa es clara: no incorporar estas herramientas implica quedar en desventaja. Pero su uso también abre una pregunta de fondo: cómo integrarlas sin perder el pensamiento crítico ni el sentido de la formación.
Un sistema en tensión: producir sin recursos suficientes
Sin embargo, este sistema que produce conocimiento, forma profesionales y se adapta a los cambios tecnológicos enfrenta tensiones profundas.
Desde la Universidad Tecnológica Nacional, su rector, el Ing. Nieto, advierte que la ciencia y la tecnología son pilares fundamentales para el desarrollo, ya que permiten sostener e impulsar las distintas actividades productivas de la provincia.
Pero también señala una preocupación concreta: la reducción de recursos destinados al sistema científico. En ese marco, sostiene que “no hay posibilidad de desarrollo de un país sin la inserción de la ciencia y la tecnología en todos los circuitos productivos”.
La pregunta, entonces, no es solo qué produce la ciencia, sino cómo se sostiene.
La dimensión política: ciencia, inversión y modelo de país
La discusión sobre la ciencia y la tecnología también atraviesa el plano de las políticas públicas. Desde el gobierno provincial, el Secretario de Ciencia y Tecnología, Hugo Vera, plantea que el desarrollo científico en La Rioja es resultado de un trabajo articulado entre distintas instituciones del sistema.
En ese sentido, sostiene que la vinculación entre universidades, centros de investigación y espacios como el polo tecnológico permite “optimizar recursos, potenciar capacidades y transformar el conocimiento en soluciones concretas para la sociedad”.
Sin embargo, también advierte sobre el contexto nacional. Según señala, las políticas de ajuste impactan directamente en el sistema científico y tecnológico, afectando tanto a las universidades como a organismos clave. En ese marco, la discusión sobre la ciencia deja de ser únicamente técnica para convertirse en una definición más amplia sobre el modelo de desarrollo.

Sostener desde el interior: ciencia como decisión política
A pesar de este escenario, desde el interior del interior se sostienen apuestas que buscan fortalecer el sistema científico local.
En la Universidad Nacional de Chilecito, su rector César Salcedo destaca que la institución reafirma “la excelencia académica y la rigurosidad científica como pilares innegociables”, incluso en contextos adversos.
La creación del Doctorado en Ciencias Aplicadas se presenta como un paso estratégico, pero también como “un acto de soberanía intelectual”. Una definición que deja en claro que la ciencia no es solo técnica: es también una decisión política y territorial.

El futuro en juego
Así, la ciencia riojana se muestra en toda su complejidad: produce conocimiento, impacta en la vida cotidiana, forma profesionales y comienza a adaptarse a una nueva era tecnológica.
Pero al mismo tiempo, enfrenta un escenario de incertidumbre que pone en tensión su continuidad.
En un mundo donde el conocimiento define el desarrollo de los territorios, la discusión ya no es simbólica.
Es una decisión concreta sobre el futuro.
🙌 Agradecimientos
Agradezco especialmente los aportes de Pablo Alansino (CRILAR – CONICET), de la rectora Natalia Álvarez Gómez de la Universidad Nacional de La Rioja, del rector Ing. José Nieto de la Universidad Tecnológica Nacional, del Secretario Hugo Vera y del rector César Salcedo de la Universidad Nacional de Chilecito, por sus reflexiones y por contribuir a visibilizar el trabajo científico en la provincia de La Rioja.
