Al cumplirse el decimotercer día de hostilidades, el Comando Central estadounidense confirmó la magnitud de la operación «Furia Épica», destinada a desmantelar la infraestructura militar del régimen iraní en medio de una creciente escalada regional.
La guerra en Medio Oriente ha ingresado en una fase de máxima hostilidad. En las últimas horas, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó que la ofensiva militar conjunta con Israel ya ha alcanzado más de 6.000 objetivos dentro de territorio iraní desde que se iniciaron las operaciones a finales de febrero. Esta cifra récord de blancos impactados refleja la magnitud de una campaña aérea y naval sin precedentes en la región.
El Pentágono sostiene que la estrategia está diseñada para desmantelar sistemáticamente la infraestructura bélica del régimen. Los ataques se han concentrado en instalaciones estratégicas, bases navales, centros de mando y sofisticados sistemas de defensa aérea, buscando reducir drásticamente la capacidad de Teherán para proyectar ataques en el Golfo Pérsico. Durante casi dos semanas de bombardeos ininterrumpidos, se han neutralizado miles de activos, incluyendo rampas de lanzamiento de misiles y embarcaciones de la marina iraní.
Sin embargo, la respuesta de Irán no se ha hecho esperar, lo que eleva el riesgo de una conflagración regional de escala impredecible. El régimen ha lanzado contraofensivas con misiles y drones dirigidas a posiciones de Estados Unidos y sus aliados en zonas críticas como el Estrecho de Ormuz. Este intercambio de fuego ya ha comenzado a expandirse geográficamente, con reportes de incidentes militares en diversos puntos del Golfo que mantienen en vilo a las potencias globales.
La situación se torna aún más compleja con la entrada en escena de actores secundarios. Aliados regionales de Teherán, particularmente milicias operativas en el Líbano e Irak, han comenzado a involucrarse en los combates, abriendo nuevos frentes de batalla que dificultan cualquier salida diplomática en el corto plazo. A pesar del optimismo inicial de Washington sobre el avance de la operación, los analistas internacionales advierten que el conflicto podría prolongarse durante semanas, transformándose en una guerra de desgaste con consecuencias inciertas para la estabilidad mundial.
