La tasa de mortalidad infantil en Argentina registró en 2024 un aumento de 0,5 puntos respecto al año anterior, un incremento que no se observaba desde 2002 y que interrumpe una tendencia de descenso sostenido que venía desde principios de la década del 2000. El dato surge de los registros oficiales de Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud de la Nación, difundidos recientemente y analizados por medios independientes.
Entre 2023 y 2024, la tasa subió de 8 a 8,5 muertes por cada mil nacidos vivos en el país, pese a que el número absoluto de fallecimientos de menores de un año descendió -pasó de 3.689 a 3.513 casos en ese período- debido a la caída de la natalidad registrada en los últimos años. La mortalidad infantil se calcula como la relación entre los niños que mueren antes de cumplir los 12 meses y los nacidos vivos, por cada mil.
Este aumento es el más pronunciado desde 2002 y ocurre después de un breve incremento menor entre 2021 y 2022, cuando la tasa había subido 0,4 puntos. Hasta ahora, los otros periodos con incrementos en más de dos décadas habían sido de 2001 a 2002 y de 2006 a 2007, según registros históricos de esta variable de salud pública.
La Rioja, Corrientes y Chaco las provincias con mayor tasa
La distribución geográfica del fenómeno muestra marcadas desigualdades: las provincias de Corrientes (14 muertes por cada 1.000 nacidos vivos), Chaco (11,8) y La Rioja (11,7) registran las tasas más altas, muy por encima del promedio nacional. En el extremo opuesto, la Ciudad de Buenos Aires reporta la menor tasa, con 4,9 muertes por cada mil nacidos. Otras jurisdicciones como Formosa y Santiago del Estero también presentaron cifras elevadas, cada una con una tasa de 10,7.
Especialistas en salud pública y exfuncionarios alertan que esta reversión en la tendencia puede estar vinculada al impacto de las condiciones socioeconómicas que se agravaron desde la pandemia de COVID-19 y se mantuvieron con efectos en 2024. Las situaciones de pobreza, dificultades en el acceso a servicios de salud y condiciones ambientales adversas influyen de forma directa en las causas de mortalidad posneonatal, como infecciones o trastornos respiratorios, además de los factores perinatales y congénitos que afectan más tempranamente la salud de los recién nacidos.
