A veinte días de haber denunciado a su expareja por violencia de género, Romina Gaetani volvió a expresarse públicamente. No fue a través de una entrevista ni de un programa de televisión, sino con una carta breve y contundente en redes sociales, donde dejó al descubierto una verdad que suele quedar fuera del foco mediático: el impacto emocional que implica denunciar y exponerse.
La actriz denunció penalmente a Luis Cavanagh por un episodio de violencia verbal y física ocurrido el pasado 28 de diciembre en su domicilio del Tortugas Country Club. El hecho le provocó lesiones leves y derivó en una presentación judicial que activó el protocolo correspondiente. Sin embargo, como sucede en la mayoría de los casos, el proceso legal es solo una parte del camino.
En su mensaje, Gaetani agradeció el tratamiento respetuoso que algunos medios le dieron al caso, pero también marcó un límite claro frente a la demanda permanente de declaraciones y explicaciones públicas. «Si lo vivido sirve para seguir exponiendo lo que significa la violencia de género, agradezco a los medios de comunicación por el acompañamiento y respeto con que trataron el tema», escribió.
Lejos del tono declamativo o del golpe de efecto, la actriz eligió poner el foco en el daño silencioso que deja la violencia y que muchas veces se profundiza con la exposición. «Lo que hace la exposición es intensificar el dolor, no solo el mío, sino también el de nuestras familias», expresó, visibilizando una dimensión que suele quedar relegada frente al espectáculo del escándalo.
Finalmente, Gaetani pidió algo tan básico como infrecuente en estos casos: tiempo. «Espero sepan comprender, aún no puedo hablar. En estos casos el tiempo es necesario», cerró, en una frase que interpela tanto al periodismo como a una sociedad que suele exigir relatos inmediatos sin reparar en los procesos personales.

En un contexto donde las víctimas todavía cargan con la presión de justificar, explicar y revivir lo ocurrido para ser creídas, el mensaje de Romina Gaetani funciona como un recordatorio incómodo pero necesario: denunciar no es el final del camino, y el silencio también puede ser una forma legítima de cuidado y reparación.
