Moscú ya perdió Siria. Su influencia en la región está en serio riesgo.
Tras perder Siria, Rusia observa hoy cómo se debilita su histórica influencia en Medio Oriente con la oleada de bombardeos estadounidenses e israelíes en Irán, su principal aliado en la región.
Esta nueva guerra le puede pasar una costosa factura a Moscú. No solo la Revolución Islámica ha sido clave en el suministro de drones militares para su conflicto en Ucrania. También el país es un importante polo de negocios y una ruta comercial estratégica para el Kremlin.
Pero además hay un gran paradoja surgida del juego de poder geopolítico. Teherán está bombardeando a los países del Golfo que albergan bases militares estadounidenses, entre ellos los Emiratos Árabes Unidos, donde la oposición rusa denuncia que el Kremlin montó un entramado de empresas fantasmas para eludir las sanciones internacionales derivadas de su invasión a Ucrania.
Qué puede perder Rusia en la guerra en Irán
La guerra en Irán es un gran dolor de cabeza para Vladimir Putin.
El presidente ruso solo pudo recurrir a la retórica contra Donald Trump, con quien negocia una salida a la guerra en el Dombas, para condenar la ofensiva contra Irán, a la que calificó de “cínica e inmoral”. Una situación similar había ocurrido tras el ataque a Venezuela y la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero pasado. Moscú no está en condiciones de ejercer presión sobre Washington.

El analista Oleg Ignatov, experto en temas rusos del Crisis Group, una ONG internacional encargada de la resolución de conflictos, dijo a TN que, si cae la Revolución Islámica, “Rusia perderá un régimen amigo que comparte en gran medida su visión del conflicto con Occidente”.
“Rusia podría perder una ruta logística alternativa hacia la región a través del Mar Caspio e Irán, importante para Rusia debido a la presión occidental sobre su logística comercial, pero que, sin embargo, aún no está plenamente operativa”, indicó.
El analista afirmó: “Rusia no tiene muchos socios cercanos. Y ahora ve que su número se reduce aún más. En general, Rusia se sentirá más vulnerable y se comportará menos cooperativamente. Moscú considera que la mejor defensa en este nuevo mundo es ser fuerte. Se prepara para una nueva guerra y se vuelve lo más resistente posible porque no hay garantías y no se puede confiar en ninguna negociación”.
“No quiero hablar de eso”
En junio pasado, un periodista le preguntó a Putin qué pasaría si el líder supremo iraní, Ali Jamenei, fuera asesinado.
El presidente ruso, según The Moscow Times, fue sorprendido por el interrogante durante el Foro Económico anual de San Petersburgo. Entonces respondió: “Ni siquiera quiero hablar de esa posibilidad. No quiero”.
El peor escenario para Moscú finalmente se materializó. Jamenei fue eliminado en uno de los bombardeos del sábado. El gobierno ruso condenó la acción y la calificó como una “violación cínica de todas las normas de la moral humana y el derecho internacional”.
“En nuestro país, el ayatollah Jamenei será recordado como un estadista destacado que hizo una enorme contribución personal al desarrollo de las relaciones amistosas ruso-iraníes, elevándolas al nivel de una asociación estratégica integral”, dijo Putin.
Pero la reacción de Moscú solo se limita hoy a la retórica.

La cartera de inversiones rusas en Irán
Nikita Smagin, un experto en relaciones ruso-iraníes, dijo al periódico que la mayor preocupación del Kremlin en este momento es su sustancial cartera de inversiones que incluyen proyectos millonarios en las industrias petrolera y gasífera
“Esto incluye el corredor Norte-Sur, una ruta ferroviaria multimillonaria entre Rusia e Irán a través del Cáucaso Sur, y un acuerdo de 25 000 millones de dólares para construir cuatro reactores nucleares en el sur de Irán”, enumeró.
Además, afirmó: “Rusia ha invertido mucho esfuerzo y dinero en Irán. Ciertamente, si imaginamos un cambio de régimen o inestabilidad en Irán, todos estos proyectos están amenazados”.
El mayor temor de Moscú es que la caída de la Revolución Islámica lleve al poder un gobierno que rompa su alianza con Rusia. El Kremlin ya perdió toda influencia en Siria tras la caída en diciembre de 2024 del gobernante Bashar al Assad. Hoy Siria está bajo una virtual tutela de Estados Unidos.
“Los intereses de Rusia en Irán podrían verse afectados. Sobre todo si quienquiera que venga después busca relaciones más pragmáticas con Occidente. Este ha sido un temor de larga data en Rusia”, dijo Hanna Notte, directora del Programa de Eurasia en el Centro James Martin de Estudios de No Proliferación, citada por The Moscow Times.
Pero hay otro punto adicional. El Kremlin podría sufrir un duro golpe si se ven afectados sus intereses en los Emiratos Árabes Unidos, bajo bombardeo iraní. Allí se habrían creado cientos de empresas fantasma para eludir las sanciones de la Unión Europea y Estados Unidos. Incluso, hay sospechas de que Rusia ha usado los puertos emiratíes para trasladar crudo ruso.
La única buena noticia para Moscú es el aumento del precio del barril de crudo. Su economía depende en parte de sus exportaciones petroleras. Pero se trata de un beneficio a corto plazo, más allá de que pueda ser significativo para sus arcas.
Analistas militares dijeron además que Moscú ha comenzado a diversificar la producción de drones militares utilizados en la guerra en Ucrania. Así, empezó a producir los drones iraníes Shahed.
“Todo lo que ocurre en Oriente Medio amenaza los intereses rusos. Es un cambio de norma, un cambio de patrón sobre cómo las potencias mundiales actúan hacia los países autoritarios. Y, sin duda, no es una buena señal para Rusia”, concluyó Smagin.
