A menos de tres meses para que ruede la pelota en la Copa Mundial de la FIFA 2026, la diplomacia deportiva ha dado un paso estratégico para desactivar posibles focos de tensión extradeportiva. El presidente de la FIFA , Gianni Infantino, confirmó mediante sus canales oficiales que mantuvo una reunión de alto nivel con el mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump, con el objetivo de blindar el espíritu de unidad del torneo frente al complejo escenario internacional.
Durante el encuentro, que tuvo lugar a solo 93 días del partido inaugural, ambos líderes repasaron el estado de los preparativos en las sedes norteamericanas. Sin embargo, el punto central de la conversación fue la situación de la selección de Irán. En un contexto marcado por los conflictos bélicos en Medio Oriente y las históricas fricciones políticas entre Washington y Teherán, la incertidumbre sobre la logística y la seguridad del equipo iraní sobrevolaba la organización del certamen.
Infantino fue el encargado de llevar tranquilidad al mundo del fútbol al revelar la postura de la Casa Blanca. Según relató el dirigente suizoitaliano, el presidente Trump fue explícito al asegurar que la delegación iraní contará con todas las garantías para competir en suelo estadounidense. «Hablamos sobre la situación actual en Irán y sobre su clasificación. Durante la conversación, el presidente Trump reiteró que, por supuesto, la selección iraní es bienvenida a competir en el torneo en Estados Unidos», detalló el titular de la FIFA en su cuenta de Instagram.
Más allá de los visados y la logística, el intercambio dejó una fuerte carga simbólica. El máximo responsable del fútbol mundial aprovechó la oportunidad para reivindicar el papel del deporte como una herramienta de paz en tiempos de fragmentación global. Infantino agradeció públicamente el gesto del mandatario estadounidense, subrayando que este tipo de eventos son cruciales para «unir a la gente ahora más que nunca».
Con este respaldo político de primer nivel, la FIFA busca asegurar que el Mundial 2026, que será el primero en la historia en contar con 48 selecciones y tres países anfitriones (EE. UU., México y Canadá), se desarrolle bajo un clima de neutralidad deportiva, reafirmando la premisa de que, en el campo de juego, el fútbol sigue teniendo la capacidad de conectar naciones a pesar de sus diferencias.
