Cada 3 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Vida Silvestre, una fecha establecida por la Organización de las Naciones Unidas para promover la protección de la fauna y la flora del planeta y generar conciencia sobre la importancia de conservar los ecosistemas.
La jornada coincide con el aniversario de la firma de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES), tratado clave en la lucha contra el tráfico ilegal de especies.
La biodiversidad —la variedad de formas de vida y sus interacciones con el entorno— es un pilar de la seguridad alimentaria, la salud y el equilibrio ambiental. Argentina es considerada uno de los países megadiversos del mundo: alberga múltiples ecorregiones que van desde selvas subtropicales hasta desiertos de altura. Sin embargo, la pérdida de hábitats, la presión sobre los recursos naturales y el cambio climático representan amenazas crecientes.
En La Rioja, donde predominan ecosistemas del Chaco semiárido y ambientes de alta fragilidad, la biodiversidad cumple un rol clave en la estabilidad ecológica.
En ese sentido, el secretario de Ambiente de la provincia, Santiago Azulay, señaló que “si esas redes invisibles entre la naturaleza no estuvieran tejidas, la vida sería mucho más compleja y más difícil de lo que es”.

Y agregó: “Cuando hablamos de vida silvestre necesariamente nos estamos refiriendo a la importancia que tiene el entorno en donde se desenvuelve nuestra vida”.
El funcionario remarcó además la necesidad de fortalecer la gestión de las áreas naturales protegidas, ya que “es ahí donde está la representación de los ecosistemas que nos van a permitir perdurar en el tiempo”.
También subrayó la importancia de planificar el manejo de la fauna silvestre y prevenir cualquier deterioro ambiental, poniendo el acento en la educación pública y en la toma de conciencia ciudadana, especialmente en una provincia con ecosistemas frágiles.
El verano particularmente lluvioso que atravesó la región dejó señales visibles en el paisaje riojano, con mayor floración y recuperación de zonas áridas. Sin embargo, la variabilidad climática también expone la vulnerabilidad de estos ambientes frente a eventos extremos cada vez más frecuentes.
La vida silvestre no es un paisaje de fondo: es la red que sostiene nuestra propia existencia. Protegerla no es una opción, sino una responsabilidad colectiva que comienza con la conciencia y se consolida con políticas públicas sostenidas en el tiempo.
