La industria textil argentina atraviesa uno de los escenarios más complejos de los últimos años marcado por la apertura de importaciones y el crecimiento de plataformas de moda ultrarrápida como Shein, que amplía su presencia entre los consumidores locales mientras enfrenta regulaciones en distintos países.
Fundada en China en 2008, la firma opera bajo un modelo de “ultra fast fashion”: publica alrededor de 7.000 productos diarios y comercializa en más de 160 países. Sus envíos, según la propia dinámica del mercado, no suelen superar los 22 días hábiles. En Argentina, ofrece descuentos de hasta el 57% y envíos gratuitos para compras de gran volumen. Además, las últimas medidas oficiales ampliaron el límite de compras online al exterior a 3.000 dólares por operación y dejaron únicamente el IVA del 21% como tributo aplicable.
El último boletín económico de diciembre de 2025 de la Fundación ProTejer, elaborado con datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), expuso un panorama contractivo.
Hasta septiembre de 2025, la industria textil registró una caída interanual del 20% en su nivel de actividad. La utilización de la capacidad instalada se ubicó en 37,1%, 22 puntos por debajo del mismo mes de 2023. En los shoppings, las ventas reales de prendas y marroquinería cayeron 2,2% respecto a igual período de dos años atrás, con predominio de productos importados en el consumo.
En materia de precios, las prendas y el calzado aumentaron 2,4% en octubre y 17,4% interanual, posicionándose entre los rubros con menor crecimiento anual. Sin embargo, el empleo asalariado registrado descendió 2% frente a diciembre de 2023 y, según el relevamiento, se perdieron 125.876 puestos de trabajo en el sector.
Las importaciones textiles entre enero y octubre alcanzaron 332.696 toneladas y 1.450 millones de dólares, lo que implicó un incremento interanual del 89% en cantidades y del 61% en valores. Francisco Ayala, presidente de la Cámara Argentina de la Moda (CAM), definió el momento como “un escenario muy complejo”. Según explicó, más del 55% del precio final de una prenda corresponde a impuestos, lo que -a su criterio- genera una competencia desigual frente a plataformas extranjeras que ingresan productos con cargas mucho menores.
Ayala también apuntó a la escala de producción de las plataformas chinas y a la laxitud de sus regulaciones laborales y ambientales. A ello sumó la caída del consumo interno, que según indicó retrocedió 7% el año pasado, impactando en cierres de empresas y pérdida de empleo.
El deterioro del mercado también impactó en marcas locales. La empresaria Marixa Balli anunció semanas atrás el cierre de su marca Xurama tras 20 años de actividad, al señalar un fuerte deterioro económico desde febrero de 2025. En la misma línea, la diseñadora Paz Cornu advirtió que podría cerrar sus locales ante la imposibilidad de competir en precios con productos importados. Ambas coincidieron en que el consumidor prioriza hoy gastos esenciales -alimentos, educación, salud- y que la indumentaria dejó de ser un consumo prioritario.
Varios países avanzaron con medidas para regular el ingreso de productos de plataformas como Shein. En Brasil, la compañía debe invertir 150 millones de dólares para producir localmente y se proyecta que el 85% de sus ventas provenga de fabricantes brasileños hacia fines de este año. En Chile, desde octubre de 2025, las compras online internacionales pagan un IVA general del 19%, incluso para bienes de bajo valor. En México, los productos provenientes de países sin tratados comerciales -como China- afrontan un arancel adicional del 33,5% sobre el IVA.
La Unión Europea implementó, entre otras medidas, un arancel de 3 euros por paquete de bajo valor y reforzó los controles para garantizar el cumplimiento de normas comunitarias.
El debate también incorpora la dimensión ecológica. La industria textil es considerada la segunda más contaminante a nivel global. Actualmente, solo el 22% de los residuos textiles posconsumo se recolectan selectivamente para su reutilización o reciclaje; el resto se incinera o se deposita en vertederos. En la Unión Europea se generan 12,6 millones de toneladas de residuos textiles por año. La ropa y el calzado representan 5,2 millones de toneladas, equivalentes a 12 kilos por persona anuales.
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), entre 2000 y 2014 la producción mundial de ropa se duplicó. En paralelo, las personas comenzaron a comprar un 60% más de prendas y a utilizarlas la mitad del tiempo.
