La crisis ambiental en Chubut volvió a agravarse en las últimas horas. El incendio forestal que afecta al Parque Nacional Los Alerces se reactivó con al menos tres nuevos focos, impulsado por las altas temperaturas y las fuertes ráfagas de viento, mientras el fuego ya consumió más de 35.000 hectáreas de bosques nativos y áreas protegidas.
Las llamas reaparecieron en el sector de Puerto Café, dentro del parque, luego de más de un mes y medio de trabajo ininterrumpido de brigadistas. Desde la Administración de Parques Nacionales (APN) informaron que los focos detectados son distintos a los que permanecían activos días atrás, lo que evidencia la fragilidad del escenario y la dificultad para contener el avance del incendio en un contexto climático adverso.
Más de 500 brigadistas de distintos organismos provinciales y nacionales continúan desplegados en la zona, con apoyo de medios aéreos y logística terrestre. Sin embargo, el desgaste del personal y la magnitud del daño ambiental comienzan a exponer los límites de una respuesta estatal que, según advierten especialistas y trabajadores del sector, llega condicionada por la falta de recursos y la reducción de presupuestos.
El incendio ya provocó un impacto severo sobre el ecosistema del Parque Nacional Los Alerces, una de las áreas naturales más valiosas de la Patagonia. Bosques centenarios, matorrales y fauna autóctona quedaron arrasados, mientras crece la preocupación entre las comunidades cercanas por el avance del fuego y el riesgo para viviendas e infraestructura.
En este contexto, la emergencia en Chubut vuelve a poner en el centro del debate el rol del Gobierno nacional encabezado por Javier Milei. Los recortes en áreas clave como ambiente, manejo del fuego y parques nacionales, junto con la paralización de políticas de prevención, contrastan con la magnitud de una catástrofe que exige planificación, inversión y presencia sostenida del Estado.
Mientras el fuego avanza y el daño ambiental se acumula, la respuesta oficial sigue dependiendo casi exclusivamente del esfuerzo de los brigadistas en el terreno. Una postal que se repite cada verano y que vuelve a dejar al descubierto las consecuencias de minimizar la crisis climática y desfinanciar las políticas públicas de protección ambiental.
