El precio internacional del petróleo volvió a encender alarmas este fin de semana tras una fuerte suba impulsada por la creciente tensión en Medio Oriente. El crudo tipo Brent alcanzó los 114 dólares por barril, el WTI se mantuvo cerca de los 98, mientras que el Murban rompió récords al trepar a los 146,40 dólares.
El conflicto entre Estados Unidos e Irán sigue escalando y genera un clima de incertidumbre total en los mercados. Analistas internacionales advierten que el escenario es complejo y que no se vislumbra una resolución rápida, lo que anticipa jornadas de alta volatilidad.
En este contexto, varios países comenzaron a aplicar medidas de emergencia para preservar sus recursos energéticos. En Asia, una de las regiones más golpeadas por las restricciones en el Estrecho de Ormuz y la interrupción parcial del yacimiento de South Pars, se multiplican las decisiones drásticas.
India limitó el uso de gas en la industria para priorizar el consumo domiciliario, mientras que Corea del Sur impuso restricciones a la carga de combustible en vehículos particulares. Por su parte, Pakistán redujo la semana laboral y el consumo estatal, y Vietnam con reservas para apenas dos semanas avanzó con el trabajo remoto en sectores clave. Medidas similares adoptaron Filipinas y otros países de la región, que también fijaron límites al consumo energético.
La crisis no deja afuera a las principales potencias. En Estados Unidos, el precio de la gasolina ya subió más de un 30% desde el inicio del conflicto, generando un efecto dominó sobre alimentos y bienes básicos.
Europa, en tanto, enfrenta una caída del 30% en sus reservas de gas. Hungría decidió establecer precios máximos para frenar la especulación, mientras que Serbia suspendió exportaciones de combustibles para asegurar el abastecimiento interno.
Frente a este escenario crítico, los países integrantes de la Agencia Internacional de Energía acordaron liberar 400 millones de barriles de crudo de sus reservas estratégicas, en lo que representa la mayor intervención de este tipo en la historia reciente, superando ampliamente la realizada durante el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022.
Con un mercado en tensión y decisiones de emergencia multiplicándose en todo el mundo, la crisis energética ya dejó de ser una amenaza y se consolida como uno de los principales desafíos globales del momento.
