El verdadero significado de ‘Viva la Patria’ y ‘Viva la Libertad, Carajo!’: una mirada histórica y ética

𝐏𝐨𝐫 𝐌𝐢𝐠𝐮𝐞𝐥 𝐅𝐥𝐞𝐲𝐭𝐚𝐬 𝐲 𝐌𝐚𝐫𝐢𝐚𝐧𝐠𝐞𝐥 𝐎𝐯𝐢𝐞𝐝𝐨
En la historia argentina, pocas expresiones encierran tanta carga simbólica como “¡Viva la Patria!” y “¡Viva la Libertad, Carajo!”. Ambas representan, en distintos momentos y contextos, una lucha por ideales que han sido moldeados por la sangre, la resistencia y los sueños de generaciones enteras. Sin embargo, para comprender su verdadero significado, es necesario alejarnos de su uso superficial y adentrarnos en sus raíces históricas, éticas y morales.

¿Qué significa realmente ‘Viva la Patria’ en Argentina?

El grito de “¡Viva la Patria!” ha sido una constante en nuestra historia, desde los albores de la independencia hasta las luchas contemporáneas. Pero ¿Qué es la Patria? Para algunos, un concepto ligado a la tierra y la soberanía; para otros, un ideal de justicia y comunidad. Sin embargo, la historia nos demuestra que la patria no es un simple territorio ni un gobierno de turno, sino el reflejo de los valores y principios de quienes la construyen.
En Argentina, este grito ha sido esgrimido tanto por quienes han buscado un país más justo como por aquellos que han pretendido monopolizar su significado en función de intereses propios. La verdadera patria no es solo el Estado, sino el pueblo que lo habita, lucha y sufre. En este sentido, ‘Viva la Patria’ debe ser un llamado a la construcción de un país más equitativo, donde la historia no se repita en sus errores, sino que evolucione hacia la inclusión y la memoria.

‘Viva la Libertad, Carajo!’: la libertad como bandera y como excusa

Más recientemente, la consigna “¡Viva la Libertad, Carajo!” ha cobrado un protagonismo renovado. Pero, al igual que “¡Viva la Patria!”, la libertad ha sido una noción en disputa. La historia argentina está llena de momentos en los que la libertad fue bandera de causas nobles y también de manipulaciones.
Osvaldo Bayer, en su emblemático libro La Patagonia Rebelde, nos recuerda cómo la libertad puede ser una promesa traicionada. En los años 20, los trabajadores rurales de Santa Cruz reclamaban mejores condiciones de vida y eran brutalmente reprimidos en nombre de un orden que privilegiaba a unos pocos. Se les prometió libertad y justicia, pero recibieron balas y silencios. ¿De qué libertad se hablaba entonces? La historia nos advierte que no toda consigna es genuina y que la verdadera libertad no es la de mercado ni la de unos pocos privilegiados, sino la que garantiza derechos para todos.
En este sentido, cuando se grita “¡Viva la Libertad, Carajo!”, es necesario preguntarse: ¿Libertad para quién? ¿Libertad para explotar o para vivir dignamente? Bayer nos enseñó que la historia es escrita por los vencedores, pero la memoria pertenece a los pueblos. Si la libertad no incluye justicia social, equidad y dignidad, entonces es solo un espejismo.

El desafío ético y moral de estas consignas

Las palabras tienen peso, y en la Argentina actual, donde la memoria histórica sigue siendo un campo de batalla, es fundamental reivindicar su verdadero significado. No podemos permitir que “¡Viva la Patria!” sea un refugio para discursos autoritarios ni que “¡Viva la Libertad, Carajo!” sea un escudo para justificar desigualdades. La historia nos ha enseñado, con ejemplos como el de La Patagonia Rebelde, que la libertad y la patria deben ir de la mano con la justicia y la verdad.
Hoy más que nunca, decir “¡Viva la Patria!” debe ser un compromiso con la construcción de un país más inclusivo y solidario. Y gritar “¡Viva la Libertad, Carajo!” debe significar la lucha por una libertad real, que no olvide a los caídos ni sirva de excusa para la opresión de los más débiles. La historia está ahí para recordarnos que las palabras solo tienen valor cuando van acompañadas de acciones justas.
Fuente: El Zonda Riojano

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