La crisis en el sector cárnico argentino se profundiza y ya muestra indicadores alarmantes. Según un informe reciente de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra), el consumo de carne vacuna cayó a su nivel más bajo en más de dos décadas, mientras que la actividad en frigoríficos registra una fuerte contracción.
📉 En los últimos doce meses, el consumo por habitante se ubicó en apenas 47,3 kilos anuales, el registro más bajo en más de 20 años.
A la par, la faena es decir, la cantidad de animales procesados muestra una caída de dos dígitos. En el primer bimestre del año se redujo alrededor de un 11% interanual, reflejando una fuerte desaceleración de la actividad.
Esta menor producción impacta directamente en la oferta: se produjeron menos toneladas de carne, mientras que el consumo interno cayó aún más fuerte, con una baja cercana al 13,8%.
Uno de los factores clave detrás de este derrumbe es el aumento de precios. En las últimas semanas, la carne registró subas significativas, con incrementos mensuales superiores al 7% en algunos casos, lo que golpea de lleno el poder adquisitivo.
Al mismo tiempo, las exportaciones se mantienen firmes, lo que reduce aún más la cantidad de carne disponible en el mercado interno y presiona los valores al alza.
Además, el sector arrastra problemas estructurales: años de sequía seguidos por inundaciones afectaron el stock ganadero, provocando menor disponibilidad de hacienda y limitando la recuperación productiva.
El resultado es un combo complejo: menos producción, precios más altos y un consumo que se desploma a mínimos históricos.
La carne, símbolo tradicional de la mesa argentina, atraviesa así uno de sus momentos más críticos, en un contexto donde cada vez más familias deben recortar su consumo.
