Tras casi dos meses de silencio, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, retomó las conferencias de prensa con un objetivo claro: sepultar las polémicas sobre sus traslados aéreos. Esta vuelta al ruedo no fue casual ni improvisada; fue una decisión tomada por el propio funcionario en coordinación directa con Santiago Caputo. El asesor presidencial no solo dio el visto bueno, sino que puso a disposición a sus equipos para diseñar una estrategia que permitiera al oficialismo recuperar la iniciativa política.
El cambio más notorio en la comunicación gubernamental fue el abandono de la postura reactiva. Bajo el ala de Caputo, la administración libertaria buscó transformar las explicaciones en una ofensiva contra las críticas. Con la frase «no tengo nada que esconder», el exvocero intentó desactivar las sospechas, mientras desde su entorno aseguraban que era necesario desmentir lo que calificaron como «operetas» de la oposición destinadas a desestabilizar la gestión actual.
La puesta en escena contó con un fuerte despliegue de gabinete, con figuras centrales como Luis Caputo y Federico Sturzenegger ocupando la sala en señal de unidad. Sin embargo, el dato político de la jornada fue la ausencia de Karina Milei. La secretaria general de la Presidencia decidió seguir la transmisión por televisión, marcando una distancia física que no pasó desapercibida, a pesar de que en los pasillos de Balcarce 50 se insistía en que la continuidad de Adorni nunca estuvo bajo discusión.
Mientras la conferencia se desarrollaba, Javier Milei utilizó su cuenta de X para apuntalar el mensaje oficial con su estilo característico. El mandatario arremetió contra quienes cuestionaron los vuelos de su jefe de Gabinete, atribuyendo las críticas a la «falta de formación» o a intereses políticos oscuros. Este respaldo digital funcionó como el cierre de una jornada donde el Gobierno buscó mostrarse sólido y abroquelado frente a los cuestionamientos externos.
Un balance positivo en la mesa chica
Al finalizar los 48 minutos de exposición, el clima en el Gobierno era de satisfacción. Los equipos de comunicación consideraron cumplido el plan de «limpiar» la imagen del ministro coordinador tras el desgaste de las últimas semanas. Con el grueso de la administración felicitando el desempeño de Adorni, el oficialismo da por cerrado el capítulo de las sospechas, apostando a que este reajuste comunicacional sirva para retomar la agenda de reformas sin distracciones mediáticas.
