Los clubes parroquiales de Argentina alertaron sobre el incremento de la demanda en comedores comunitarios, el deterioro de la salud mental y el aumento de los consumos problemáticos de drogas, especialmente entre jóvenes. La situación es síntoma de una crisis que impacta de manera directa en las redes de contención social.
Juan Manuel Gauna, director nacional de Clubes Parroquiales, describió un escenario complejo en el que las instituciones no logran dar abasto frente al crecimiento de familias que acuden a las ollas populares en busca de asistencia alimentaria. Señaló que la cantidad de personas en situación de calle y con necesidades básicas insatisfechas se ha incrementado de manera significativa en los últimos años.
Los clubes parroquiales desarrollan su trabajo en barrios populares a través de actividades deportivas, culturales y comunitarias, con el objetivo de promover derechos básicos y generar espacios de acompañamiento. Gauna explicó que actualmente articulan acciones con más de 30.000 niños y niñas en todo el país, en una lógica que combina contención social y formación en valores.
No obstante, el referente advirtió que el contexto económico y social ha profundizado las dificultades. En comedores y espacios comunitarios se multiplicó la presencia de familias, lo que pone en tensión la capacidad de respuesta de estas organizaciones. A esto se suma el incremento de problemáticas vinculadas a la salud mental y el consumo de sustancias.
Uno de los principales desafíos, remarcan desde el sector, es la complejidad del abordaje del consumo problemático de drogas. Gauna sostuvo que no se trata únicamente de una cuestión individual, sino de una problemática estructural que atraviesa a toda la sociedad, especialmente en contextos donde las oportunidades laborales y las redes de apoyo son limitadas.
En ese sentido, también señaló las dificultades en los procesos de reinserción social, condicionados por la falta de empleo y la fragilidad de los entornos comunitarios. Desde los clubes parroquiales se trabaja en la generación de espacios de acompañamiento, aunque advierten que estas iniciativas resultan insuficientes si no se articulan con políticas públicas más amplias.
El trabajo de estas organizaciones se apoya en propuestas educativas, deportivas y culturales como herramientas de integración. En los barrios populares, donde muchas veces la infraestructura es limitada, estas actividades cumplen un rol clave como espacios de encuentro y desarrollo personal. Además, las dinámicas varían según las necesidades de cada comunidad: algunas personas asisten en busca de alimento, mientras que otras participan en actividades físicas, sociales o educativas.
