Su estilo se caracterizó siempre por la discreción y la profundidad, logrando estar presente en los momentos más significativos sin imponerse. Según destacan quienes conocieron de cerca su labor, era de esas personas que “no necesitan hacer ruido para dejar huella”, bastándole simplemente con comprender el instante justo en que una escena merecía ser guardada para la posteridad.
En este sentido, su partida no es sentida únicamente como una despedida, sino como un reconocimiento a su trayectoria. Sus allegados y colegas coinciden en que su obra seguirá vigente: “Su mirada ya no estará detrás de la cámara, pero seguirá presente en cada rincón donde alguna vez se detuvo a observar”, expresaron conmovidos, valorando su capacidad para seguir iluminando recuerdos incluso en su ausencia.
Finalmente, la sociedad riojana despide a Pantaleo con un agradecimiento por su forma de ver el mundo, la cual siempre invitó a mirar “un poco más hondo, un poco más humano”. Su legado fotográfico queda como un testimonio vivo de nuestra historia, una brújula visual que seguirá encontrando a las futuras generaciones con sus raíces.
