La jefa del bloque oficialista en el Senado estalló por la falta de debate y los recortes en discapacidad. Tras quejarse de que la tratan de “tonta”, se mostró escuchando a Lali Espósito, obligando a Milei a un improvisado intento de desarmar la polémica.
El malestar estalló a raíz del envío del proyecto de Presupuesto con modificaciones unilaterales y severos recortes en el área de discapacidad. Bullrich cuestionó duramente la falta de coordinación política y admitió haberse enterado de los cambios por los diarios a la madrugada. «No puede ser que un tema de tal sensibilidad nosotros lo sepamos y tengamos que venir acá a decir: ‘Bueno, no lo sabía, ¿qué somos, tontos?’. Yo no quiero que me traten como tonta», disparó la senadora, al reclamar una mesa de discusión real para evitar el desgaste de un oficialismo en clara minoría legislativa.
En simultáneo con sus críticas por la costumbre del Ejecutivo de «mandar las cosas de sopetón», se viralizó un video de la senadora en su despacho reproduciendo y cantando «No me importa», el éxito de Lali Espósito. La elección del tema no pasó desapercibida: se trata de la artista que tuvo fuertes cruces con el propio Javier Milei y que fue un blanco directo de sus ataques como parte de ningunear a la cultura argentina.
Forzado a ejecutar un rápido control de daños ante la fractura expuesta, el Presidente intentó minimizar el hecho a través de un mensaje enviado a un programa de espectáculos. En un llamativo giro para desdramatizar el contrapunto, Milei sostuvo que politizar el arte es una «tontería» e incluso aseguró que, tras sus cruzadas públicas contra la cantante, escuchó sus canciones y le gustaron. El repliegue discursivo del mandatario buscó amortiguar el impacto de una brecha cada vez más profunda en la conducción libertaria, donde la falta de diálogo político empieza a generar cortocircuitos inocultables.
