La Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ) presentó una denuncia ante la Subsecretaría de Defensa del Consumidor y Lealtad Comercial para solicitar el retiro inmediato del mercado argentino del Squeezy Dumpling, un juguete sensorial y antiestrés que se volvió popular entre los niños.
El pedido se produjo luego de que autoridades del Reino Unido detectaran una concentración de 20 miligramos de benceno por kilogramo (mg/kg) en la capa exterior de una versión del juguete. El límite establecido para este tipo de productos es de 5 mg/kg, por lo que la concentración hallada cuadruplica ese valor.
El producto es una figura blanda fabricada con polímero plástico, con forma de dumpling que se comercializa dentro de un envase similar a una pequeña vaporera. Su atractivo está en la textura flexible que permite apretarlo y en su carácter coleccionable, una característica que ayudó a convertir a este tipo de juguetes en una tendencia en redes sociales.
La alerta no se refiere necesariamente a todos los juguetes de la categoría “squishy”, sino a productos que presenten las características y composición señaladas en las investigaciones de seguridad. De hecho, el aviso oficial británico identifica específicamente un producto distribuido por Samsons Cash and Carry Ltd., fabricado en China y sin números de lote o identificadores en el producto o su envase.
El benceno es una sustancia química reconocida como carcinógena para los seres humanos. En el caso investigado, la preocupación no se limita a que un niño pueda llevarse el juguete a la boca: la sustancia se encuentra en la capa exterior del producto y puede existir exposición por contacto o inhalación.
Según la información publicada por las autoridades británicas, la inhalación de benceno puede provocar irritación en los ojos, la nariz y la garganta, mientras que exposiciones mayores pueden generar irritación cutánea y sensación de ardor en el tracto digestivo.
El toxicólogo Carlos Damin explicó que el benceno es una sustancia “extremadamente tóxica” y señaló que puede aparecer en procesos industriales vinculados con la producción de plásticos y gomas.
El antecedente que encendió la alarma internacional surgió en el Reino Unido. La Office for Product Safety and Standards (OPSS) publicó el 25 de junio una alerta de seguridad y clasificó al producto como de riesgo químico grave después de detectar los 20 mg/kg de benceno en su superficie. El producto fue retirado del mercado y se recomendó a quienes lo hubieran adquirido que dejaran de utilizarlo y lo mantuvieran fuera del alcance de los niños.
A partir de esas alertas internacionales, la CAIJ presentó una denuncia ante la Subsecretaría de Defensa del Consumidor y Lealtad Comercial para que se disponga el retiro inmediato del producto en todo el territorio argentino.
Pero la Cámara señaló además otras irregularidades en la comercialización del juguete en Argentina. Según la denuncia, el producto no cuenta con Marcado de Conformidad, no identifica al importador y tampoco presenta advertencias de seguridad en castellano, elementos que dificultan determinar quién es responsable del producto ante eventuales inconvenientes.
Por lo tanto, el caso plantea dos cuestiones diferentes: por un lado, la presencia de una sustancia química por encima de los límites establecidos; por otro, el cumplimiento de las exigencias de identificación y certificación necesarias para comercializar juguetes en el país.
La denuncia de la Cámara no significa por sí misma que todos los Squeezy Dumpling hayan sido retirados de las tiendas argentinas. El pedido debe ser evaluado por las autoridades nacionales, que deberán determinar las medidas correspondientes sobre su comercialización.
